JUANTXO Y EL 20D, OTRO CUENTO DE NAVIDAD

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Juantxo vive en Araba. Es un empresario. De esos que surgieron en los noventa, una nueva especie de emprendedores. Entonces también los hubo, esta historia es caldo viejo. En realidad, tiene una tasca cuya especialidad es la merluza, los changurros y el chacolí, que se lo hace su suegro. Con un máximo de tres empleados a su cargo en los tiempos de bonanza, ahora le ayudan los hijos. Pero sigue pensando que es un empresario que ha tenido suerte al saber esquivar los daños colaterales de esa crisis impuesta por los que se fueron y ahora amenazan con volver a hundir el país.

Desde que su padre le preparara el primer sobre en el 87 para el parlamento europeo ha votado a los mismos. Al principio porque era lo que su padre quería. Después porque un empresario que vote proletariado es un “cabeza hueca”. Lo que proponía el partido lo secundaba de buena gana. Así, cuando los de la ceja presentaron la aberrante opción del matrimonio entre los del mismo sexo echó espuma por la boca y acompañó a los suyos en las manifestaciones que propusieron. Un matrimonio es algo sagrado entre un hombre y una mujer y nada más. Allí estuvo, ausentándose de la tasca y gritando a favor de las tradiciones y en contra de todos los que querían derribarlas. Invitó a todos sus parroquianos a café cuando se enteró de que los suyos habían interpuesto un recurso contra la ley. Era lo justo.

0_3xxhm9dd.jpg© EL MUNDO

Por ello, el 6 de noviembre del 2012 se quedó perplejo cuando el Constitucional daba la razón a los otros. ¿Qué les pasaba a los jueces de este país? Justicia nacional, laberinto de encrucijadas. Más todavía cuando supo el pasado junio que su Presidente asistiría a la celebración del matrimonio civil del Señor Maroto. A cuadros.

En esta pasada campaña Juantxo estaba mohíno. Los negocios iban bien: se notaba la recuperación, se respiraba prosperidad, se hacía más caja que en navidades anteriores. Aún así Juantxo estaba tristón. Un día, ayudándole a recoger, le preguntamos. Nos lo explicó: tras 28 años de fidelidad, estaba prácticamente convencido de votar naranja. “¿Por qué a estas alturas?”, le dijimos. “Después de lo que hemos tragado por ellos, ahora nos piden que votemos a Maroto, a ese que se ha aprovechado de una ley que intentamos tumbar con todas nuestras fuerzas. Si nos han engañado en esto, ¡¿en qué más no lo habrán hecho?!”.

Juantxo castigó a Mariano. Fue de ese casi 6% naranja. No podía darle su confianza a alguien contra el que había salido a gritar a la calle. Pero a veces la vida es como un divertimento de Mozart y ahora Juantxo sabe que su voto de castigo no habrá servido. “Al menos, has conseguido que no salga Maroto”, le digo por teléfono. “Algo es algo”, dice, “¡pero se te queda una cara de bobo con estas cosas de la democracia!”.

JUANTXO Y EL 20D 001RUA

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