SU HIMNO, NUESTRA ENVIDIA

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Estuve durante mucho rato dándole vueltas a lo que pasaba. No terminaba de entenderlo. Tardé unos cuantos días, no fue fácil. Hasta que lo vi claro había supuesto que era por otro tipo de envidia. Sobre todo cuando vi un álbum de las víctimas: un fotógrafo que trabajaba para el “Jeu de Paume”, un violinista, un artista plástico, un arquitecto, un miembro del equipo de edición de Canal +. Un largo etcétera de jóvenes que cobran mucho más que un joven español que no se dedique a la banca o a delinquir. Y esto indigna a los maestros de la envidia. Indigna que nos preocupemos por los que viven mejor, por los que hacen cosas los viernes por la noche que para nosotros son un extraordinario. Escuece. O, al menos, les escuece a los que salieron a defender banderas que nunca antes habían defendido tan enconadamente. Pareciera que en la virtualidad es mejor llorar por un pobre que por un joven que gana bien su vida. Sobre todo si el pobre no nos pide refugio.

Pero el jueves siguiente a los atentados por la Rue Danton, llegando a Saint Michel, escuché cómo un padre y una hija cantaban la Marsellesa a gritos entre la admiración de todos. La niña tendría a lo sumo cinco años. Entonces lo entendí.

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Entendí los reproches inesperados que hicimos los españoles a los que se pusieron la bandera francesa en su foto de perfil de Facebook como muestra de respeto. Era esa imagen de los parisinos saliendo del estadio cantando la Marsellesa. Algo que es imposible en nuestro país, por muchas razones estúpidas en las que no quiero entrar. Nos quedaremos con la principal: que nuestro himno no tiene letra. Esto nos molesta bastante en momentos como estos. Nunca podremos cantar nuestro himno. Algo tan sencillo lo tenemos vetado. Nunca lograremos ponernos de acuerdo. Está muy bien la exclusividad, pero algunos se dieron cuenta esa noche de que para situaciones cruciales viene muy bien que tu himno tenga letra, no solo para cuando estás animando a tu equipo. Imagínense una manifestación del “Basta Ya” cantando el himno. O cuando le dijimos a Sordo Aznar que a la guerra no queríamos ir. Lo mismo así lo hubiera entendido a la primera. Pero no se puede. Ni se podrá nunca.

Fastidia además que los franceses tengan uno tan hermoso, a pesar de su belicosidad. Creo no ser el único que tiene como escena favorita de “Casablanca” aquella en la que se canta la Marsellesa. A los que les picaba demasiado saltaron en las redes, porque es maravilloso poder opinar de cualquier cosa mientras estamos sentados en la taza del váter. Nos sentimos emperadores en nuestro particular trono.

Que la envidia que les tenemos por su himno nos lleve a no acompañarlos en el dolor con la excusa de que hay más víctimas en el mundo por causas similares es de rufianes.

SU HIMNO NUESTRA ENVIDIA 001RUA

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