SEMÁNTICA DEL REFUGIADO

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Refugiado es aquel que se ve obligado a salir pitando de su país porque tiene todas las papeletas para acabar en una cuneta olvidada. Obligado. No lo hace por gusto. No elige destino turístico. Aunque llega a las costas a primera hora, no lo hace para plantar la sombrilla, como los jubilados en Benidorm, sino para huir de una muerte más que probable. El refugiado inicia su éxodo (palabra que, si mal no recuerdo, sale bastante en el Antiguo Testamento) buscando un país que le dé cobijo contra la tormenta, como la chica de la canción de Dylan.

Es una buena señal para él que no vaya solo, sino en familia: significa que la tiene. Viaja miles de kilómetros buscando refugio, un hipotético futuro, un renacimiento. Es fácil imaginar que ninguno de ellos ve la opción definitiva, la del exilio, la del nunca más; que confían en que algún día cambiarán las cosas; que confían en que el dictador de turno caerá, llegarán los americanos a pacificar a cambio de esquilmar los pocos recursos que queden y habrá un mañana, aplaudido por todos, al que regresar.

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El refugiado raramente mirará la extensión de su refugio y pensará: ésta es mi casa. Soportará con estoicismo los gases lacrimógenos y los vapuleos de las fuerzas de seguridad de los países por los que deambulan, como zombies de una pésima película de serie B, porque eso son cosquillas comparadas con lo que les ha tocado sufrir unos meses antes. Que te lloren los ojos por un político idiota que ha elegido la opción del voto seguro no es nada si lo comparas con que te sangren las córneas porque has puesto en una carreta cuerpos despedazados de niños, has pisado con tus pies descalzos materia gris de tus vecinos tras los bombardeos que asolaron tu barrio.

Para los europeos, incluidos los catalanes por el momento, era un drama de tamaño la universal mientras que caían como chinches allá en sus respectivas calamidades. Pero no se le ocurre otra al refugiado que echarse a caminar, decidido a plantarse en nuestras fronteras para pedirnos cobijo. Algo lógico y que habíamos prodigado antes del 11S y sus cruentas secuelas. Es decir, antes de que unos cuantos multimillonarios decidieran que quien no pertenezca al club del 1% es sospechoso de terrorismo.

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Lo que está consiguiendo USA es que el miedo atávico de las dictaduras se globalice. Ese miedo (ya saben: si dudas de tu vecino, denúncialo y le damos cuartelillo por ti) que se nos instaura para recordarnos que el hipotético refugiado de hoy será el presunto terrorista que pasado mañana subirá a un tren con un AK47 a acribillarnos a todos. Es fácil inocularnos ese sentimiento.

Europa, moderna siempre, sufragará el valor del refugiado con gestos encomiables, siempre y cuando vea sus fronteras a través de unos prismáticos.

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