LAS “VACAS” QUE NOS GUSTAN

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Queremos vacaciones como Dios manda. Eso sí, por cincuenta euros la noche la habitación. A ser posible, de las de “todo incluido” o, como mínimo, media pensión. Que tenga el hotel desayuno continental y piscina de las olímpicas, con muchos trampolines. Pero que sea tranquilo, que no escuche las ventosidades de mi vecino, que haya pan recién hecho a las once de la mañana cuando bajo a desayunar, que no se nos amontonen mucho los guiris con sus acentos estridentes porque adoran levantarse a las siete para atiborrarse del jamón y las tumbonas. Ah, y que esté a pie de playa, con parquin gratuito cerca, por si hubiera que coger el coche para ir al aquapark o al McDonald’s, que se lo hemos prometido a los peques.

Que la playa sea lo más solitaria del mundo, pero que tenga chiringuito. Que la ración de paella no pase de los 7 euros, pero que contenga algo más que mejillones y rabas de calamar congelados. Que la cerveza esté helada y que los camareros sean eficientes, nos molesta esperar en vacaciones, sobre todo si hay que tirar de datos en el móvil.

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Que los hijos de los otros se comporten como si estuvieran educados en el mejor colegio de Cambridge, aunque dejemos que los nuestros campen a sus anchas entre las piernas de los camareros, que practican surf para esquivarlos. Su espera es más amena al jugar a indios y vaqueros del espacio interestelar entre las mesas de los comensales y metiéndoles el dedo en el salmorejo a los guiris, mientras sorben un polo de fresa en sus narices. Si lo provocan los de los demás, hacemos fotos para subirlas al grupo de las madres del colegio como ejemplo de incivismo. Si lo hacen los nuestros, es un síntoma emergente de confraternización entre culturas.

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Si vamos en plan “super-relax-peto-mi-facebook-de-fotos-de-mis-pies”, queremos que la cabaña esté lo más apartada del mundo, que nadie sepa de ella, en un cerro, pero con todas las comodidades del tecnócrata. Por los mismos 50 euros de antes. ¿Wifi? ¡Por supuesto, que podamos chupar de la red! Estar aislados es lo más mejor del mundo, pero aislados a lo español, pudiendo restregárselo al vecino desde el minuto cero. Si no, reventaremos las opiniones en las webs de hoteles, quejándonos de que la conexión vaya fatal en los spas perdidos en fincas que no están en los mapas. Tranquilidad, toda, pero encarcelada en esa compleja red de redes, siempre que sea gratuita. Como el hotel rural cobre lo mínimo por conectarse, apaga y vámonos, que los usuarios prometen no volver a pisar ese engendro hotelero nunca más.

-No se escuchaba una mosca en kilómetros a la redonda y la sesión de masaje y vinoterapia dentro de la bodega era de lujo, ¡pero Facebook tardaba años en cargarse!

-Ah, claro. Te entiendo. Lo que se llama un idiota integral.

LAS VACAS QUE NOS GUSTAN 001rua

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