SUPERMÁN Y LOS DULCES IDIOTAS

Herbert-Chavez-poses-in-his-homemade-Superman-outfit

©BARCROFTMEDIA / THE MIRROR

Herbert Chávez es un héroe. De esos que cada vez más proliferan por las esquinas de los cines. Todos hemos querido ser el héroe nada más salir de la sala: hemos querido sufrir una violenta lluvia de rayos gamma para ser indestructibles o poder vender un botón para salvar a media docena de judíos del abismo de un final asfixiante.

El cine nos fabrica la ensoñación de querer ser Tony Montana y pasearnos del brazo de una vestal del tamaño de la Pfeiffer. Es el mismo cuento de siempre, uno de los más viejos del mundo: ¿por qué él y no yo? Yo quiero lo mismo, me cueste lo que me cueste. La mayoría, nos resignamos. Otros tantos no. Y se lanzan al vacío de las revoluciones y las guerras civiles con un par de AK47 comprados en rastrillos. Sabemos que el final de Montana es un desastre, pero para ellos vale la pena arrastrarse, teniendo en cuenta que se han pasado la vida surfeando en lavas y cementerios de basura orgánica. A cambio de esa realidad incomestible, vale la pena tirarse al fango y vivir como los héroes de cine durante unas horas, salir en las portadas, tirarse a las más hermosas, ver el horror en los ojos del otro cuando se cruzan con los tuyos.

Herbert Chávez ha optado por hacer feliz a los demás, sin embargo. Quiere ser Montana también, pero ha nacido bajo el signo de los superhéroes, ha mamado DC Cómics como para un bautizo de cuatrillizos y se ha transformado en Filipinas en su ídolo, a base de pasta y cirugías múltiples. Ahora es Kal-El humanizado, conocido como Superman. Se viste como él y físicamente se le asemeja desde una distancia prudente. No vuela. Tampoco le ha hecho falta en esta época dorada para los quijotes que sueñan con protagonizar los libros que han idealizado. No falta hoy un Sancho Panza con un reproductor digital para recordarnos la hazaña.

1371199586825.cached

©BARCROFTMEDIA / THE MIRROR

Dice que lo hace sobre todo para que los niños filipinos sepan que Superman está cerca, en la acera de enfrente, esperando y protegiendo con el solo aliento de su presencia, que debe de ser lo mismo que un preservativo agujereado en caso de alerta, pero, oye, se deja hacer fotografías y como siga retocándose así terminará clavadito a Michael Jackson. O, peor aún, a su hermana Latoya. De terminar siendo un Jackson a base de cirugías, yo pondría a los niños filipinos a buen recaudo, pero es solo el consejo de un cínico. Ya saben que me encanta perderme en los laberintos soeces de la exageración.

De momento le ha costado su estupidez 6000 euros, sin contar vestuario y peluquería. Supongo que bajo ese disfraz, como nos pasa también con Clark Kent, pensamos que hay un idiota. Son tan dulces los idiotas que llenan las hemerotecas de historias tiernas, patrocinadas por Bimbo.

Adoramos por inercia a los idiotas, siempre que no lleven un AK47.

SUPERMÁN Y LOS DULCES IDIOTAS 001RUA

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s