SIN ELLOS SERÍA OTRO

angel_sonia (626)

© GARRETT WALSH

Si algo he descubierto en esta década de vida extremeña es que extraño en exceso a mis amigos, de los que voy alejándome conforme pasan los meses. Otros han llegado, que se hacen insustituibles y te hacen renovar la fe en la condición humana. Hacen que te preguntes cómo has vivido sin ellos y cómo hubieras sido de haberlos encontrado antes. Mejor persona, a qué dudarlo. A pesar de mis cotidianos exabruptos semanales en esta columna, yo creo en el Hombre, aunque éste no crea en los hombres. No digamos ya en las mujeres.

Esta semana me dio por poner una foto nueva de portada en mi muro de una famosa red social que rima con garfio (chiste muy british, discúlpenme la osadía). Son tres personas cruciales en mi vida, reunidas bajo un mismo abrazo y una misma risa, brindando por un mismo motivo, que era mi felicidad de ese momento. Intimé con ellos más o menos por la misma época y me abochorna el rubor cuando pienso en ellos, porque los echo de menos como echo de menos a mi padre, con ese mismo dolor, aunque ellos todavía están y me pertenecen. Soy codicioso con ellos, aunque nunca los llame por teléfono, pero ellos saben de mi animadversión por esos trastos demoníacos.

En la terraza de Benidorm

Son mis héroes anónimos, el espejo donde me gustaría reflejarme. Uno en Madrid, otra en San Quintín y el otro al lado de la casa de mis abuelos. Uno no ha perdido la fe en la Enseñanza ni en la Palabra, a pesar de los mamporros que todos les estamos dando a las pobres en este país de ególatras analfabetos. Otra busca lejos de España la suerte laboral que aquí se le niega. A nadie parece importarle sus tropecientos idiomas, su inteligencia y sus ganas de salir adelante. Eso aquí no sirve. El último, mi murcianico preferido, se levanta cada mañana con la esperanza de construir un mundo mejor para que nunca sus hijos le miren y le reprochen que no hiciera nada por aligerarles el camino de trabas y zancadillas. Se ha puesto delante de la policía con una camiseta antidesahucios, se ha metido a político para cambiar su ciudad, ha trabajado en tres países antes de regresar por un sueño que se le truncó demasiado pronto: compartir su vida con alguien excepcional.

BODA DE LOS JOSES 030

© SONIA MARQUES

Al de Madrid lo conocí achicando agua de un garaje de Almuñécar. A la de San Quintín volví a tropezarme con ella como oyente de una de mis ponencias en un congreso de literatura. A mi murcianico preferido, gracias a un premio de poesía, que nos unió en el acta del jurado. Desde entonces no sé qué habré aportado yo a sus vidas, pero ellos en mí ponen una luz única cuando me abrazan. Cuando coincidimos los cuatro, el Cosmos asiente.

Espero que tengan tres amigos así en estos momentos. Entonces, acepten mi consejo: mándenle al menos un whatsapp y díganselo. No sean tan memos como un servidor.

SIN ELLOS SERÍA OTRO 00RUA1

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