PALMIRA Y LOS FANÁTICOS DEL DÓLAR

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Ya saben que yo eso de creer en la beneficencia del ser humano lo justito. No soy de los que ven el vaso medio vacío. Ojalá pudiera verlo así. Soy más de ver que no hay vaso, como dice el poeta Felipe Zapico. Cuando salen algunas historias de esas que conmueven, soy el que opina: “entre siete mil millones que habitamos este cada vez más angosto y exprimido planeta, no está mal”.

Yo no hago el bien, porque nadie me ha enseñado a hacerlo. Ni siquiera los curas me enseñaron en su día, cuando me obligaban a acercarme a ellos. Las paradojas ochenteras: padres rojillos que te conducían a misa para que uno no saliera en las portadas de las tertulias de portales en los pueblos de aquellos años de la colza y los atentados abominables. ¿Quién sabe cómo se hace el bien, realmente? Supongo que habrá psicólogos expertos en este campo que escriban libros de buenrollismo disciplinario, pero es algo que está testado: que te enseñen a hacer el bien está gravado. Vamos, que hay que pagarlo. En forma de libro, o en forma de sesión en un diván, o en forma de donativo. ¿Quieres saber cómo hacer el bien? ¡No hay problema, chico, yo te lo explico, pero ráscate el bolsillo primero!

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Sin embargo, el mal es gratuito. No hay que pagar previamente por hacer el mal. Vas por la calle, te paras detrás de alguien y le revientas la espalda de una patada. Gratis total. Puede que las repercusiones vengan después, pero no has tenido que pagar ni un duro por fastidiarle la vida a alguien.

Muchos discreparán de las barbaridades que digo hoy (discúlpenme, pero es que estoy muy cabreado y pronto explicaré por qué), pero reflexionen por un instante y díganme si no están confundiendo “hacer el bien” con “buena educación”. Que yo le suba las bolsas de la compra a una señora en edad de jubilarse no es “hacer el bien” es “estar bien educado”. Es normal que ya se confunda, cuando pensamos que “educación” y “enseñanza” son la misma cosa y, por lo tanto, declinamos ciertas labores en otros, a los mismos que luego apaleamos y dilapidamos públicamente cuando hace falta, porque no hacen las cosas como nosotros queremos.

El caso es que ese coágulo de insensatos e hipócritas de tamaño la universal que se conoce como “Comunidad Internacional” está con los dedos cruzados para que los terroristas de IE no hagan un puzle de 80000 mil piezas en las ruinas de Palmira. Y advirtiendo de lo que puede pasar en un futuro remoto, cuando todo sea ceniza y horror. Como, por ejemplo, que se considerará tamaña desfachatez como crimen de guerra.

Estimados señores, si Palmira cae, los criminales de guerra serán ustedes, no los fanáticos terroristas. Ustedes y solo ustedes. Ustedes, que expanden el mal gratuitamente con solo pestañear. Ustedes, atajo de fanáticos del dólar.

PALMIRA Y LOS FANÁTICOS DEL DOLAR 001RUA

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