RESEÑA DE “COCINAR EL LOTO” POR MANUEL GUERRERO

El próximo viernes 10 de abril a las ocho de la tarde en el Instituto-Fundación Aguilar y Eslava de nuestra ciudad, se presenta este libro.
El amor también es
Una forma de viaje.
En estos dos versos tenemos el doble eje sobre el que se articula Cocinar el loto (La Oficina Ediciones Culturales, 2014) de Ángel Manuel Gómez Espada (Murcia, 1972): amor y viaje.

Ángel Manuel, el autor, es codirector de la revista de Literatura El Coloquio de los Perros, colaborador en Días de Radio de Radio Candil (Almería) y del Diario Hoy de Extremadura con la columna Sálvese quien quiera; además de la que aquí tratamos, ha publicado las obras Mediodía en la otra orilla (Universidad de Murcia, 2000); Anales de la casa subterránea (Tres Fronteras, Murcia, 2002) y, hace poquísimo, Los hijos de Ulises (Le Tour 1987, 2015).
Volvamos a uno de los ejes de Cocinar el loto. El amor en su forma de desamor, presentado con sutiles imágenes y acertadas metáforas; desde el «Una pareja comparte galletas y música», que nos indica el momento más enamorado, hasta…
La noche resulta siempre demasiado corta
(…) Para tantos besos muertos, y no sentidos.

o

Me olvidará como se olvida el paso de las nubes,
con las primeras olas de los días de playa.
Sin obviar la soledad «del que sólo vive para contar estrellas» o el desencanto del sexo con mujeres que no ama, «colillas, acumuladas por los ceniceros».
Y el viaje, a modo de reflexión, que el poeta vive en su interior: del amante solícito y entregado al tipo sucio y violento.
Somos islas. No otra cosa
Que islas en una deriva interminable.

 

Y en el viaje, marcado por el amor, este no se adecua al tiempo vivido y provoca el jet lag: una desazón del amor que acaba con él.
(…) Se va
De tu vida por la misma esquina
De mayo.

 

Esta resaca es la causante del reuma en el ánimo, cansancio y dolor, con el que le cuesta moverse, viajar:
Cobrar el paro de tus recuerdos,
Cuando no hay otro oficio que esperar.
Esperar sentado a que no vuelvas.
Esta ruptura con el amor es lo que, en definitiva, hará que aparezca el hombre violento que referíamos arriba. La voz poética se convierte en «Hyde», protagonista de la parte final del poemario titulada precisamente «Cocinar el loto»… Pero, ¿para qué el loto? Para olvidar. Pero haberlo dicho así es una metedura de pata de quien escribe estas líneas, porque con «Cocinar el loto» hay algo más allá del olvido: una referencia a la literatura clásica, a los lotófagos de La Odisea de Homero, un texto que narra el viaje de regreso de Ulises a casa, donde le está esperando Penélope. Así es, amor y viaje, el doble eje que insinuamos al comienzo de este escrito. El loto hizo olvidar el regreso a los hombres de Ulises que lo comieron; del mismo modo y, al mismo tiempo, con inteligente contraste, el loto es necesario para que el poeta continúe el viaje, porque ha descubierto que no hay Penélopes ni patrias, debido al desengaño del amor. Como indiqué, «Cocinar el loto», la última parte del libro, hace referencia al olvido, mediante la voz poética misógina de «Hyde», el antagonista de la voz enamorada que comenzó el poemario y que el dolor ha transformado en un ser sucio:
Discúlpeme si alguna vez
Resulta usted la afortunada
Y, después de libarla,
La tomo, la olvido,
No la reconozco.
En el estilo, Ángel Manuel Gómez Espada hace un uso original de referencias culturales, principalmente clásicas con un giro actual (ninfas que esnifan cocaína, sirenas que pasan de moda, poetas que no han sido paridos por diosas, Catulo…) y, no en menor medida, menos clásicas: Stendhal, Schubert… Sin olvidar nombres como Hyde o Lisi, que están relacionados con lo literario. A estas referencias hay que añadir el tono irónico y burlón de algunos poemas, así como el uso de «usted» en los poemas finales. Este rasgo, junto con el anterior, ha sido destacado por Noelia Illán en la reseña sobre este título aparecida en La galla ciencia; en la que muestra el uso del plural en los primeros poemas del libro, «una identificación con el lector», que evoluciona a un «usted» que «marca aquí claramente un distanciamiento. El Ulises del inicio ya es Hyde».

Y, finalmente, como constructor de poemas, Gómez Espada tiene la virtud de darle acertados cierres a sus textos. Desde la claridad de «Mis viejos discos de Bob Dylan he vendido» y el desencanto brutal de «Perder la tarde tomando un café» a la sorpresa de «Insomnio», pasando por la abulia de «Que también es una opción».

En definitiva, Cocinar el loto es el poemario de un viaje del amor al desamor más impío; porque, como él mismo nos apunta:
Que en la vida, en resumen, no es tan sencilla
Como algunos interpretamos en poesía.

 

MANUEL GUERRERO CABRERA, 2015

La referencia la encontraréis aquí y aquí.

p.d. Superacostumbrado a las erratas con mi nombre.

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