SERÁ PRIMAVERA PRONTO, DE NUEVO

Entrar a la redacción de un semanal y acribillar a balazos a los que allí trabajan, rematando agentes de la ley durante la huida es la excusa inexcusable. Poner el buen nombre de Alá por el medio, un mero tránsito que queda perfecto como atrezzo para los futuros editoriales. Nada muere porque se mate o se intente matar, afortunadamente. Siempre hay una primavera que regresa. Y tras ella, un verano. Por mucho que asfaltemos los bosques, la vida continuará oculta y saldrá en algún momento a la luz, tragándose las autopistas de la ignorancia. Al fin y al cabo, los dioses saben que desaparecerán si se extingue un día el ser humano.

No han acabado con nada. Hay más lápices. Y habrá más caricaturistas y dibujantes que nunca enviando sus currículos a Charlie Hebdo a partir de ahora, con rabia contenida y ácidos comentarios en la punta de sus armas, afiladas con sacapuntas.

No se acaba con la libertad. Es algo pegado al ADN del ser humano, aunque en muchas ocasiones se nos olvide, o nos obliguen a olvidarlo los intereses de los mandamases o los mandamases de los intereses. Por muchas moscas que acaben en la suela de tu zapatilla en julio, seguirán apareciendo en agosto, para recordarnos el estío y sus incomodidades.

La vida fluye, haya dioses o no. Aunque los supuestos emisarios de estos arrasen con lo que les disgusta y se queden solos, tendrán que reproducirse algún día y entre su descendencia, en cualquier momento, más lejano o más cercano, resurgirá la libertad, la primavera. Ya ha pasado y seguirá pasando. Y aunque maten a sus propios hijos, por impíos, tendrán que volver a reproducirse. Es ley de vida.

Nada muere, aunque se mate. Como no ha muerto John Lennon, Sócrates, Allende ni Martin Luther King. Como nunca morirá la poesía, por mucho que la defenestremos a cada cinco minutos. O la música, por mucho que se ofuscan los productores en darnos Pitbull y Enrique Iglesias a cualquier hora del día y no nos dejen caer en la tentación de Puccini.

Porque libertad y poesía van cosidas al alma o a las entrañas del hombre. Da lo mismo que la acallen. Da lo mismo cómo la callen. Con injustas leyes o con injustos balazos. La vida sigue ahí y fluye. Y eso es algo que jode y ofende y por eso la rabia.

Ya se sabe que en las próximas semanas habrá más Charlie Hebdo. Probable será que haya récord de ventas con ese número tan extraordinario como especial. Como probable también que salgan más publicaciones de ese tipo, porque el ser humano es así de hermoso y extraño: cuando más está rodeado de muerte, más se empeña por crear vida.

Nadie puede callar la libertad. Mucho menos en Francia, que nos regaló al resto de naciones un hermoso manual de instrucciones para aprender a usarla. Para que la vida siga su curso natural.

SERA PRIMAVERA PRONTO DE NUEVO 001RUA

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