PEQUEÑO NICOLÁS, PRESIDENTE

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Había que buscar un plan alternativo al fiasco de Teresa. Recordemos que la inculpamos de todos los males del orbe mundial (se rumorea incluso que Roncero la culpabilizó del estado de Casillas); que ciertas publicaciones de dudosa actualidad la dieron por muerta, en todos los sentidos; que a su hermano lo echaron de su puesto de trabajo por temor al contagio. Recordamos cómo se propagó en un santiamén el virus de la ignorancia. Había que dar carpetazo a todo eso, no fuera que hubiera que aceptar las dimisiones de algún mandamás irreverente e irresponsable. Por lo tanto, necesitábamos otro culpable.

No ha sido difícil. Es lo bueno de ser catedráticos en el arte de echar balones fuera: nos inventamos historias inverosímiles con la misma facilidad que se copia “Cincuenta sombras de Grey”. Ha salido a colación el ya conocido como Pequeño Nicolás. Ya saben, ese jovenzuelo díscolo calcado a un sabelotodo que había en un concurso y se las daba de ganarle en sapiencia a una computadora de tamaño la mundial. Con cara de bobalicón para que haya más cháchara y memes.

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Dicen que se ha quedado con toda España, gracias a su labia y verborrea. Tiene un álbum de fotos con prácticamente todas las figuras más influyentes de este país. Se da la característica marca España de que tales influyentes están imputados en uno o varios escándalos, o tienen un familiar directo que lo está. No digo más, que me la juego.

Para hacer su cruzada de ascenso interestelar hasta las grandes esferas, puso todo un dispositivo de mentiras sobre la mesa. Mansiones con piscina y cosas por el estilo: trajes de corte impecable, pelo a lo Floriano, pulserita con la banderita y otras guindas. Por tales complementos, los testigos aseguran que jamás dudaron de él. Daba el aspecto de ser todo un delfín del partido gobernante.

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Lo que me irrita más de todo esto es la cara de estupefacción y asombro que ponemos cuando escuchamos los nuevos datos que van llegando. Esa hipocresía me revienta. Podría decir que me repugna. El Pequeño Nicolás es un personaje salido de la misma picaresca que hace cuatro siglos, pero actualizada. De esa nueva realidad que hace que nos preguntemos para qué sirve saber quién era Cervantes, qué dice la teoría más famosa de Einstein o qué promulgaba el sindicato Solidaridad antes de conseguir el poder. Dicen las estadísticas que estamos convencidos de que datos así no sirven para nada.

Quizás sea el momento de reflexionar sobre estas aseveraciones, si no queremos que las próximas generaciones sean ejércitos de Pequeños Nicolases haciendo lo imposible por codearse con los mayores reputados sinvergüenzas de este país con tal de hacer carrera. En política, se sobreentiende. Las mafias ya no son tan románticas como las pintaba Mario Puzo.

PEQUEÑO NICOLAS PRESIDENTERUA

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