CURSO SUPERIOR DE MISERIAS HUMANAS

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Llámenme exagerado, pero no dejo de ver paralelismos entre ciertas imágenes detestables de guerras civiles africanas y lo que ha venido sucediendo con el último timo de los banqueros españoles. Se me clavan en las retinas diapositivas vistas sobre lo que es una representación en grado recalcitrante de la miseria humana y los veo a ellos superándolas con creces con una media verónica que quita el “sentío”. Fotografías como la de dos africanos macheteando una decapitada cabeza, ofrendada como la del Bautista en una mesa. O la de anónimos jóvenes pasándoselo pipa, arrastrando con sus motocicletas magulladas los troncos de cuerpos mutilados y descuartizados. Hasta donde me alcanza mi limitada experiencia, estos ejemplos eran para mí el culmen de la miseria humana. Y, sin embargo, los consejeros opacos de Caja Madrid y Bankia han superado esas cotas con creces, han masacrado ese récord mundial de un plumazo.

Que tengan unas tarjetas ocultas al fisco consideradas incentivos o gastos de representación ni nos va ni nos viene (aparentemente). Al menos, cuando eran entidades privadas. Cada banco se gasta sus ganancias como se le ocurra, aunque este mostraba una imaginación bastante pobre.

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La miseria humana deviene después, en el desglose. En la factura, lo que más duele. La miseria humana en cotas inalcanzables. Porque estos consejeros han convertido la codicia en un chute de la mejor droga y la han llevado a límites difíciles de creer. Que un ex del FMI, con sus tropecientos salarios vitalicios y de lujo, se atreva a pagar gastos superfluos hasta para un mileurista de a pie con su tarjeta opaca saca a la luz la suciedad del alma humana, oscureciéndosela hasta simas desconocidas. Muestra la depravación, el vampirismo, las venganzas personales contra los parias. Es el descuartizamiento del cadáver, la exhibición pública del peor rostro que se pueda mostrar. Pagando chicles, bebidas, menudencias del día a día, alardeando de su estatus social, de su carisma social, de su brutal patriotismo. Ensañándose en su poder y dejando pequeñas migajas para que los necios, una vez que ha prescrito el delito, puedan encontrar los cabos y desmadejar el ovillo. Para exhibirse, para salir erguidos a decir que ellos lo valían porque eran los que dictaban todos los cambios. Porque el poder no está en la concesión de un gobierno democrático, sino en una tarjeta negra, porque las leyes las marcan ellos y nadie más que ellos. Porque para ellos se crea todo un sistema de trampantojos que les hará inexpugnables en sus tronos de marfil.

La miseria humana del que se siente intocable, del que hunde un país para libarle toda la savia, como adicta sanguijuela. Un vomitivo curso superior de la miseria humana.

Y ahí están. Y usted mirando.

CURSO SUPERIOR DE MISERIAS HUMANAS 001RUA

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