SE LO ESTÁN PENSANDO

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Me tomaba un café mientras por el ventanal se vislumbraban los tradicionales fuegos artificiales que anunciaban en la capital pacense la fiesta y el ferial. San Juan en todo su esplendor, una vez más. Gente apiñada con el cuello en alto, disfrutando de una de las magias más hermosas que existen: la pirotecnia, de la que casi nadie se cansa nunca, por muy mayor que le pille el toro. Personalmente, tiene sabor familiar. Nostalgia de mi tío, maestro en ese arte hasta que la edad le pasó factura. Entonces, cómo cambian los tiempos, mi tío encendía (o así quedó marcado en mi recuerdo) los petardos con el omnipresente cigarro que portaba. Me acordaba de mi tío, al que quiero mucho a pesar de lo poco que se lo demuestro en los últimos años. De los esfuerzos y kilómetros que se chupaba en la carretera para darle de comer a mis tres primas. En ocasiones, hasta tres castillos en un día en lugares diferentes.

Y eso me condujo hasta la polémica suscitada con la apertura estival de los colegios como comedores sociales. Hay comunidades que van a abrirlos voluntariamente para quien tenga necesidad de ellos. Otras han cerrado las puertas para que no se vea demasiado la pobreza en sus calles. Es época de turistas con demasiadas cámaras en los puñeteros móviles y son capaces de subir a las redes la cola que se forma cada día en la entrada de los colegios para las comidas. Eso quita mucho pedigrí y quién sabe si también alguna bandera azul que otra.

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Extremadura se lo está pensando. Como suena. Pensándoselo. En nuestro país se calcula que casi dos millones y medio de niños viven por debajo del umbral de la pobreza y nuestros gobernantes aquí dándole vueltas a asunto tan espinoso. Quiero creer que no hay nada que pensar. Que si se hiciera un referendo el día 22 de Junio en Badajoz para conocer si sus residentes prefieren fuegos artificiales o colegios abiertos en verano como comedores sociales habría una mayoría aplastante a favor del sentido común. Quiero creerlo. No digo yo que no habría neandertales de las tradiciones que no dieran su brazo a torcer, pero aún creo en la gente (si no, no tendría esta columna aquí). No se puede hablar de futuro, cuando en verano preferimos abrir piscinas gastando toneladas de agua y cerrar los ojos a los niños que pasan hambre. No hay futuro, si el presente pasa hambre; si el futuro es cada vez más punkie; si nuestros gobernantes cada día son más punkies y más antisistema.

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Porque cuando se apagan los fuegos artificiales, queda solo silencio. Y un espantoso dolor de tímpanos. Pero eso dolor de tímpanos, por mucho que nos sangre, no es ni remotamente comparable con el dolor de tímpanos que provoca el llanto de un niño que pasa hambre.

(Y que ustedes lo pasen bien en lo que queda de feria).

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