NO SEA USTED POBRE, ESTUDIE PARA FAQUIR

dankitwoodgettyimagespinchos© Dan Kitwood / Getty Images

Es lo que tienen los ricos, que se entusiasman con una facilidad pasmosa. Se ve que no tienen abuela y están regodeándose en su espejo todo el día.

La historia de hoy es tan vieja como el propio mundo. Cuando los ricos no pueden ganar más dinero por sus propios méritos o por los favores que en su día les hicieron a otros ricos o por haberse dilapidado la herencia que su rica familia extrajo de las bondades coloniales, entonces les da por meter la mano en el bolsillo del proletariado, hasta llevarlo al umbral de la pobreza. Curiosamente los oligarcas crecieron en Rusia en el mismo periodo de tiempo que los pobres pasaban de cuatro a setenta y dos millones. No es frívolo aventurar que alguna relación tendría que haber entre una estadística y otra. En el Reino Unido que dejó la vorágine de Margaret Thatcher y su neoliberalismo pasó algo de lo mismo. Solo que por allí van más de finolis que los oligarcas. Los ricos británicos parece que estén comiendo huevas de caviar con palillos todos los días, mientras que los ultramillonarios rusos tienen más pinta de estar esnifándose el caviar todo el tiempo, como en un bucle. No sé si me explico.

Pero, resumiendo, de catadura moral van más o menos igual de sobrados, porque los british han querido darle una vuelta de tuerca a la pobreza y en endeudar aún más a sus pobres, para hacerse lingotes de oro con las fundas de las muelas de los segundos. ¿Les suena de algo? ¿Algo como contra lo que combatieron los aliados en la Segunda Guerra Mundial, verdad?

Pile of British bank notes.

Y una vez que les han quitado hasta el alma, entonces los pobres molestan. Da lo mismo donde duerman, con tal de que no se les vea o sufra. Ahora se ponen, los sinvergüenzas, a dormir en los portales de los ricachones y eso no hay quien lo tolere. Los ricos han puesto el grito en el cielo y medidas persuasorias: adornar la fría cama del suelo con unos hermosos colchones de pinchos, dignos del faquir más exigente y petadísimo de buen rollo zen. El Ayuntamiento de Londres parece que les ha prestado su consentimiento (lo más probable es que muchos de sus concejales vivan o quieran vivir en esos residenciales en breve, cuando metan un poco más la mano en el saco de las esperanzas de los otros).

faquir miprana colchoneta

La parte bucólica de esto, porque la tiene, es que no son todo lo espeluznantes que parecen a priori. La opinión se les ha echado encima sin entender que era un acto de reciclaje. Los ricos han querido darles una oportunidad, enseñándoles un oficio. Ya que tienes pinta de que vas a ser pobre de solemnidad durante mucho tiempo, aprende por lo menos el digno oficio de faquir.

Como en las colonias: primero te lo quito todo, y luego te enseño a ordeñar cabras famélicas para que te valgas por ti mismo. Bucólico, cuanto menos.

Articulo 14062014 001RUA

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