ME ABSTENGO DE QUIEN SE ABSTIENE

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Tuve que venir a esta región para descubrir que, por una vez, el partido político al que llevo mandando gestos de fidelidad desde los 90 (vamos, desde que tuve edad para emitir mi voto) ganaba en algo. Me dije entonces: fíjate los extremeños, qué cosas tienen. Me reciben así de bien y me dan estas alegrías. No solo me topo con un tipo majo que escribe fetén, me arranca sonrisas y asertos de cabeza y firma como “El Zurdo”, sino que además tienen al partido con el que simpatizo en el pódium.

Vale. Tuvieron que pactar con la derecha (también se escudaron en la herencia recibida, mire usted) para obtener medalla, pero, en contra de lo que pensábamos todos los demás y la propia central, no lo hacían para chupar cámara y sumar réditos. No. Lo hacían porque querían estar en plan Colombo y para obligar a los líderes a estar ojo avizor a la realidad. Ya he dicho alguna vez que de ahí sale ese discurso tan progresista del señor Monago, que le lleva a los platós de media España a exponer su idea de lo que es hacer política en el siglo XXI. Bueno, pues aceptamos pacto como animal de compañía. Cosas de la gobernabilidad.

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Hasta ahí bien. Pero ahora aparece la sombra de una moción de censura y todos giran la cabeza hacia Escobar y los suyos, con el morbillo de ver para dónde van a retratarse. Pero, claro, se está requetebién allá arriba, con la estrella en el pecho en la camiseta. ¡Cualquiera se baja ahora del carro! Y se han abstenido. Se han callado y han preferido mirar para otro lado, con argumentaciones de lo más engalanadas.

La abstención. Eso que cualquier político dice que nunca debe hacer el ciudadano de bien: no acudir a las urnas, no mojarse, no afianzar el sistema democrático, o lo que sepa Dios que queda de él por estos campos. Pues sí, la negación del juego democrático, como a ellos les gusta soltar, en su máximo apogeo. En un momento en el que nos enfrentamos a unas elecciones europeas que, probablemente, alcancen cuotas máximas de abstencionismo por parte ciudadana, para manifestar sus numerosos descontentos con su forma de arreglar los problemas.

Pues muy bien. Si ustedes se abstienen y no se mojan por unos o por otros, yo seguiré su ejemplo y también me abstendré en las próximas elecciones. Por supuesto, me abstendré de votarles. No me mojo por los que ganan batallas en los pasillos. Total, a ustedes se ve que les da lo mismo. Al fin y al cabo, solo tienen que esperar, como hacía antaño Jordi Puyol, a que renquee uno u otro. Y ofrecerles un ramo de flores para seguir “espiando” y protegiendo al extremeño del fantasma de la mayoría absoluta. Que tengan suerte con su recaudación el próximo 25.

Lo que más me duele de su falta de arrojo es que me obligarán a regalarle un voto al soso de Llamazares.

p.d. publicado en el diario HOY el pasado 17 de mayo de 2014.

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