SER HONRADO ABURRE A LAS PIEDRAS

Somos Gente Honrada poster

Imagínense por un momento que los españoles fuéramos reconocidos internacionalmente por nuestra honradez. Sí, ya sé que es un ejercicio de abstracción bastante complicado, pero hagan el esfuerzo. Inténtenlo. Que no nos saltáramos ni un semáforo (al menos, de manera deliberada o alevosa). Que utilizáramos las papeleras al recoger los depósitos de nuestras mascotas. Que no nos lleváramos los vasos de publicidad de los mesones donde sabemos que no vamos a volver. Que no fumáramos en los aseos de los lugares públicos. Por supuesto, que dejáramos la habitación del hotel con los mismos objetos con los que nos la habían entregado horas antes. Sí, ese tipo asqueroso de honradez que tanto nos amarga el gesto. Muchos de ustedes verían una sociedad insulsa, próxima a la germana, cuando están adormilados dentro de sus fronteras.

En esa supuesta sociedad donde nos cederíamos el paso hasta para pasar los peajes de las autopistas, nuestros políticos serían el reflejo en el que a todos nos gustaría observarnos. No habría mejor halago para nuestro bravo infante que los extraños lo compararan en pulcritud y rectitud con el ministro de turno. Si ese piropo viniera de su centro educativo, el maná nos serviría para alimentarnos durante tres o cuatro meses.

Expulsión

En ese lugar idílico, en ese país de Oz, los mandatarios estarían a la altura de las circunstancias, como es de suponer. A la más mínima, admitirían sus errores y presentarían irrevocablemente sus respectivas dimisiones. Nuestros jueces no tendrían ningún tipo de ataduras ni presiones para administrar la más ecuánime de las justicias, cayera quien cayera, tuviera o no ocho apellidos vascos o de cualquier otro rancio abolengo. Tendríamos que estar cada dos por tres acudiendo a las urnas para elegir a nuestros representantes, pues cualquier mancha en su expediente a la hora de tomar decisiones les haría sucumbir ante la vergüenza de disolver las cortes.

Imagínense, no poder hacer planes ningún domingo solariego, porque tendríamos que estar cerca de nuestro colegio electoral para ejercer el democrático voto de las libertades individuales. Nada de playas, de celebraciones de comuniones y demás jolgorios propios de nuestras arraigadas tradiciones. Nada de puentes los viernes o los lunes. ¿Qué hiciste este finde? ¡Pues ir a votar, qué iba a hacer si no! ¡Mira el selfie que me hice con el presidente y los vocales mientras depositaba la papeleta!

Reconozcámoslo: ese hipotético país de caramelo y almíbar tampoco lo queremos. Nos resulta incómodo. Somos así y así hemos de pasar el tránsito al otro lado. Somos más de la filosofía del: dejemos a los demás con sus mentiras, mientras que a mí me dejen en paz con mis secretillos. Y vámonos al bar a arreglar el país, mientras tanto.

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