NO ES MÚSICA, ES OTRA COSA

Cover17

Cualquier día de estos la Caballé graba un tema con Pitbull. O Richard Clayderman. O, por qué no, Raphael. Total, a este último le da lo mismo. Ya se ha desinflado bastante su carrera tras de lo de Bunbury y Alaska.

 Pitbull está de moda. Cualquier artista que se menosprecie acaba rendido a sus pies. Al precio que sea. Como cuando Luis Cobos cogía una zarzuela y la deconstruía hasta que no la reconocían ni los propios herederos del compositor, solo que a lo actual. Luis Cobos no es actual. Pitbull sí. Pitbull vende. Llena pistas. Sabe lo que se hace. Como Montoro. Cualquier compañía es buena, mientras que dé réditos. Como Montoro.

114744767Lo que pasma no es lo que hace con la música en sí, sino la puesta en escena que se gasta. El último acompañante de atrocidades ha sido Enrique Iglesias. Se han marcado un video de los que hacen época. Si yo fuera mujer, estaría esperando al cantante a las puertas de su casa para darle con una zapatilla húmeda cada noche. La melodía ni fu ni fa, pero el escenario y la idea principal del tema dan grima.

Estas aberraciones dan tanto miedo como un burka. Pero, como hay marchuca de la guapa en vez de párrafos del Corán, se tolera. Un burka rebaja a la mujer, la convierte en esclava. Una modelo haciendo de mesilla del Ikea en la que apoyarse mientras se le está dando una azotaina en su biquini blanco durante toda la canción, no. Eso mola. Eso está bien. No soy mujer, pero no veo la diferencia en cómo se denigra más en un caso que en el otro. Por mucho que Enrique sea simpático y guapote y Pitbull nos ponga hasta las trancas de ganas de salir, no cuela. En el clip las mujeres llevan menos ropa que en un catálogo de lencería, menean sus traseros como perritos falderos, se pegan por unos sujetadores sofisticados, beben alcohol como si no hubiera mañana, se rozan hasta con el picaporte de la puerta de entrada a la macroparty, se pelean como gatas, se abrazan a la taza de un váter y vomitan, mientras las megaestrellas dicen que son adictos a las mujeres que lo hacen a lo salvaje y que para bailar como a ellos les gusta es mejor bajar a la altura del pilón.

Allen-Jones-Table-1969copyright: ALLEN JONES

No estamos hablando de ética o doble moralidad. Hablamos de oscura hipocresía. De hipocresía en su lado más rancio y cínico: la hipocresía publicitaria del consumismo, donde hay una lasitud suicida en el “todo vale”, con tal de que se haga más ricos a los ricos. En el fondo, parecen decirnos, soñáis con residir en una cópula infinita, sometiendo a las mujeres por un simple placer estético. Nos marcan las pautas para que triunfe un machismo de postal. Nos resumen la idea: si tienes música, una casa lujosa con piscina y alcohol como para quemar un parque nacional, siempre habrá unos cuantos pibones que quieran ser tu mesa camilla.

NO ES MUSICA ES OTRA COSA 001RUA

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