DOS FORMAS DE PROTESTAR

manifestacion_puerta_solcopyright: desconocido. Sacada de aquí.

Hay dos maneras bien diferenciadas de protesta ciudadana. La mala, que nos lleva al infierno y al desgobierno y la buena, que nos convierte en ciudadanos ejemplares, dignos de elogio por parte de las entidades colaboradoras de la feliz gobernación.

El buen ciudadano es como una circuncisión en todo lo alto de la democracia. Un gesto preciso de cirujano indoloro que nadie nota. No hay postoperatorio, el dolor desaparece en el mismo día. Llega, corta el tráfico, protesta, sale en los medios y se va. Todo queda reducido a una simple nota de prensa al día siguiente. El gobierno de turno aparece de inmediato a agradecer la cordialidad, el triunfo de la democracia, a decir lo mucho que hemos aprendido, a llamarle ejemplo para todos. Tendrá que ir siempre de manera pacífica, por tanto. A lo sumo, levantando una pancarta y coreando letras ingeniosas. A ser posible, nada de banderas republicanas o con águilas imperiales. Eso incomoda y hostiga. Queda bien y es amable el gesto de sacar alguna de tonalidad arco iris. Nadie sabe para qué, pero dan colorido y quedan estupendas en el encuadre fotográfico.

Protesta-Pacifica

Pero al buen ciudadano que sale a la calle a protestar no se le hará ni puto caso. Esto es esencial en democracia. Este se pasa el día en la calle protestando pacíficamente porque es idiota y se deja llevar por los subterfugios de los demás. No tiene identidad propia ni pensamiento. Reacciona por espasmos, según las autoridades. Da lo mismo lo que pida: el no a una guerra, que no salgan sus soldados en busca de quimeras radioactivas en países árabes, que se cambie la ley en las urnas para que no salgan elegidos siempre los mismos, que no le toquen la educación ni la sanidad. El motivo no importa. El final es idéntico: se les aplaude su labor y su conciencia social y no se les hace ni puto caso.

Movimiento-Gamonal_13copyrght: el diario digital

El mal ciudadano sale a la calle a bordear, a liarla parda. Como si celebrara un macrobotellón o el alzamiento de algún título por su equipo de fútbol (solo que lo primero está socialmente aceptado y permitido porque genera dinero a los ayuntamientos y a sus amigotes). No está en sus cabales. No tiene espíritu cooperativo. Es violento. Quema cosas como sport. Se le reprenda, se le afea su carácter poco democrático, se le trata como si fuera un niño que está intentando quemar las cortinas de mamá con el mechero de papá. Como los pequeños, quiere que se les escuche y llama poderosamente la atención con palabras altisonantes y actos vergonzosos.

En nuestro país, tristemente, con una democracia patrocinado por Lladró, se le repudia, pero se le termina haciendo caso. Los malos ciudadanos violentos paralizan obras y hacen recular a los alcaldes en sus decisiones.

Saquen, pues, ustedes sus propias conclusiones, que a mí me da la risa.

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