EL FINAL DE LA ESCALERA

chema madoz 012copyright: CHEMA MADOZ

No sé si conocen una célebre fotografía de uno de nuestros mejores fotógrafos, el madrileño Chema Madoz, fechada en 1990. Solo contiene cuatro elementos compositivos: un trozo de suelo, donde se basa una escalera; una pared blanca donde hay un espejo; el propio espejo; y, finalmente, el verdadero objeto fotográfico: la escalera, que se apoya en su parte menos ancha en el espejo. El reflejo de la escalera en el espejo obliga al espectador en transformarla en una escalera de tijera, empujándole así también a introducirse al mundo de los sueños. La escalera, podría decirse, es en la foto de Madoz un objeto que sirve para adentrarse en un mundo paralelo (como lo son los mundos oníricos también), ese que está al otro lado del espejo, y que tantos recursos ha provocado en otras artes. Chema Madoz consigue así, con cuatro objetos burdos y cotidianos, una metáfora de lo mágico.

Sirva esta metáfora para situarnos en nuestra amada España actual, la que acaba de iniciar su singladura por un nuevo año, llamado a ser por muchos el de la recuperación económica. Es curioso como todos los datos apuntan a que estamos en esa misma habitación que usa Madoz para su fotografía. Realmente, estamos en este lado de la escena, en el plano real, viendo una escalera apoyada en un espejo. Y poco más hay. Apenas ciertas estadísticas alentadoras, pero más soslayadas y manipuladas que el sorteo del mundial de fútbol. Nos dicen que diciembre acabó con una bajada del paro espectacular y que la prima de riesgo está lindando con los 200 puntos, pero se olvidan de datos atenuantes.

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Vale. De paso, congelan el salario mínimo por segundo año. A las pensiones les tiran a la cara unas cuantas monedas de céntimo para que los yayoflautas no vayan olvidándose la dentadura postiza por las reivindicaciones. La deuda de las familias vuelve a subir tras cuatro meses de descenso continuado. Sacyr saca nuestras vergüenzas al extranjero, para que vean cómo nos las gastamos. Suben los peajes, los billetes de tren, la luz y alguna cosa más de la que no nos habremos enterado.

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Y, sin embargo, hay mucho optimista suelto que en la habitación dibujada por Madoz están viendo la escalera de tijera y están ascendiéndola a un ritmo frenético, locos por cruzar al otro lado del espejo y descender por las maravillas que augura esa otra realidad a la que la escalera nos bajaría.

Mientras tanto, son multitud los que han podido comprar langostinos estas fiestas gracias al finiquito que le han dado. Ellos no ven en la habitación de Madoz el mismo final de escalera que los asesores de este gobierno. Es más, quizás en vez de visualizar la posibilidad de un mundo mágico y fantástico al otro lado de la escalera, estén pensando en coger una soga y subirla hasta el final.

Articulo 04012014 001ruap.d. En el texto del periódico, por un lapsus de un servidor, aparece “un trozo de techo”, en lugar de lo apropiado: “un trozo de suelo”. Sepan disculpar ese fallo. Solo es culpa de un becario del lenguaje como yo.

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