QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA

dj-herocopyright: desconocido; recogida de aquí

No hay nada como darse una vuelta nocturna por cualquier playa ibérica para darse cuenta de dos cosas. La primera (que marca más, mucho más) es que tu vida ha dado un giro inesperado desde la última vez que hiciste esto (una noche para los dos, beber con moderación y bailar un poco): portas un anillo mágico que pesa casi tanto como el de Frodo y eres, presumiblemente, el más viejo del local, si exceptuamos al dueño (no siempre). Como no tienes nada que hacer y el ligue te lo has traído de casa, piensas que vas a ir a tu rollo y que formarás un “pack” exclusivo con la música que te ofrezca el “dj”, que tiene cara de poner cualquier cosa menos lo que tienes en tu discoteca, y el cóctel que te has pedido, un daiquiri de fresa, que nadie tiene que ver con el concepto que asociabas en tu mente a la palabra “daiquiri”.

daiquiri-fresacopyright: desconocido; recogida de aquí

Pero es inevitable fijarse. Han pasado más de veinte años desde que hacías tales rituales de acoso y derribo y la salida nocturna estival no ha variado ni un ápice. Evolución cero absoluto. Los lugareños van a por las guiris, olvidándose de que su caza será pan para hoy y hambre para mañana y que el invierno se puede hacer muy largo si desdeñas a la chica equivocada por irte a las finas arenas de la playa con alguien que confunde la expresión “estoy sudando mucho” con “estoy muy mojada”. La música sigue siendo la misma. Cambian los tunantes que berrean, pero la base rítmica se basa en éxitos pretéritos. Reconoces fácilmente “Take on Me” de A-Ha o “Blue Monday” de New Order. Y sobre ese “sampler” cansino un pitbull o un bull terrier se limita a repetir las cuatro palabras en cristiano que sabe. Éxito asegurado. La gente te mira con cara de “¡¿pero usted cómo conoce este tema?!”. Tú pones cara de “no habías nacido cuando yo ya escuchaba esto”.

índice

Las niñas que no están esquivando mastuerzos aún se manejan con el móvil que les regalaron en la primera comunión. Hartas de mezclas explosivas, se suben a la primera barra que encuentran con el objetivo de esterilizar el deseo de los presentes, aunque ellas piensan que están imitando el baile del gogó que hay delante. Es el sumo agosteño: dejarse un mínimo de 300 euros mensuales en machacar tu cuerpo (gimnasio, masajes, tatuajes, presumiblemente anabolizantes, aceites varios) para terminar alzado a una barra y haciendo contorsiones inverosímiles que harían enmudecer de vergüenza a Stevie Wonder, mientras los de tu alrededor te roban el alma y la comparten con todo bicho viviente a través de las redes sociales.

Al final llega una hora prudente para decir “salgamos echando leches” y calculas que, para la próxima vez que vayas a destrozarte las piernas y las retinas así de nuevo, las hoy aspirantes a Snooki o Sammi Giancola habrán sido madres de su tercer hijo.

QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA 001rua

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s