TRISTE PERIODISMO NUEVO

informacioncopyright: Irreverendos

Que en el mundo del periodismo se están perdiendo los papeles es algo que no debería asustar a nadie hoy, si nos molestamos un poco en tirar de hemeroteca y sentar los precedentes. Se está acabando con una profesión que siempre ha sido un grano en el culo para aquellos que querían continuar sembrando tempestades y pasar desapercibidos.

Se presencia una paradoja que ha sido estudiada, a la que se le han dado varias respuestas, se le han hecho algunos congresos y simposios. Estamos ante la época en la que mayor información llega a nuestros receptáculos y eso nos hace más ignorantes. La información nos golpea tanto y tan sistemáticamente que acabamos apabullados, noqueados, sin saber qué hay de verdadero en ella. Para cuando lo descubrimos – eso que llaman “fake” –, ha llegado a millones de hogares y ha distribuido senderos de dudas o de rabias, nos ha provocado sed de venganza, hambre de justicia, hemos compartido e insultado sin conocimiento.

placa_simbolo_100_a_108.granCuando el periodismo se enfrenta a presidentes relatando sus avatares ante un televisor de plasma o descubre que este mismo, u otro, ha amañado el turno de preguntas o ha contestado leyendo un texto preparado de antemano – o ambas cosas, reacciona sin moverse de la silla, acatando, deseando levantarse de sus improvisados asientos para escupirlo en las redes sociales o en una mesa de contertulios, donde tiene un sobre con cientos de euros esperándole. Se hace masa. Piensa como masa.

Opino que el periodismo es otra cosa: el profesor que nos encamina cuando somos adultos, que nos dice lo que está bien, que nos castiga cuando hemos hecho algo mal, que nos explica por qué los Gobiernos caen o han de caer, al igual que en clases de física nos mostraban por qué caen las hojas de los árboles. Pero hoy se pone más encono y se opina más de chorradas: David Beckham va a presentar un programa de televisión; Lucía Etxebarría dice que un compañero suyo se toca inapropiadamente; a una británica se le han extirpado del oído gusanos carnívoros; dónde exactamente le ha metido el dedo Guardiola a Vilanova. No es que el consumidor de noticias quiera esa información. No la necesita. Se puede vivir sin ella. Pero hemos estado tratándolo con estos somníferos de la felicidad desde hace años, cuando el mundo era de color de rosa y los pobres se pensaban ricos.

periodismo4copyright: J.R. Mora

Ahora vivimos otra época. Y es el periodista quien tiene que explicarle al pobre por qué lo es y quién es el verdadero culpable de su inframundo. Un periodismo a merced de unos cuantos políticos que trabajan para unas pocas multinacionales es un periodismo que trabaja para reírle la gracia a los ricos.

¿Demasiado triste? También altamente peligroso. Ya saben lo que pasa cuando un científico trabaja en secreto para Defensa Nacional.

TRISTE PERIODISMO NUEVO 001RUA

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