EL PAN Y LA PALABRA

M1-1812825037--647x231Copyright: Agencia EFE

Ahora nos espantamos y nos tiramos de los pelos. ¡Pero esto no puede estar pasando!, nos decimos. Pero pasa. Admitámoslos. Hay unos cuantos millares por ahí en cada boca de metro, en cada esquina, que son molestos. No son incómodos, como los que duermen en cajeros o debajo de los puentes. Simplemente, molestan. Incordian porque muestran cosas que nadie quiere que se vean. Ni los que las provocan ni los que las padecen ni los que las ven. Son los que verdaderamente tienen algo que decir, y lo demuestran con unas armas terribles, las más poderosas: imagen y palabra.

Se nos ha olvidado qué es eso. La imagen. La palabra. Estamos tan domeñados y tan acostumbrados a que nos la metan doblada, como nuestra madre la cuchara llena de yogur, que nos olvidamos del poder que otorgan. Se nos han olvidado sus valores porque hace mucho – aunque algunos piensen que es cosa de unos pocos meses – que son otros los que se apoderan de ellas, como dicen los usuarios de las redes sociales que Zuckerberg se apodera de las tuyas en cuanto las subes a ese cuadradito que te incita a escupir, y que se congratula en medirte la distancia de tu escupitajo.

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Ahora nos asustamos. Comenzamos a hablar de la barbarie, de la sutilidad con los que unos pocos se están apoderando de nuestras palabras y nuestras imágenes y las están convirtiendo en gravilla, nada más salir de nuestro pensamiento.

En nuestro país, donde hace siglos que un director de un periódico tiene más valía como erudito e intelectual que un poeta, y accede a la Real Academia mucho antes y con mejor nota, la policía va detrás de los que documentan las historias. Los neutralizan, los exhiben públicamente como los verdaderos culpables de una farsa poco higiénica. Mientras a unos les damos premios relevantes por fotografiar a los famosos y mostrárnoslos cercanos, a otros los cosemos a palos y los encarcelamos por no querer ponerles vendas a la realidad.

1369236834079rauldncopyright: Sara DÍAZ GÓMEZ

A estos documentalistas habrá compañeros del mismo gremio que le aireen todas las vergüenzas por intereses creados. Para estos mercenarios de la noticia, también representan al pueblo, al enemigo, qué triste. Porque sus imágenes chirrían, provocan vértigos, son incómodas. Como los propios españoles, que nos estamos volviendo incómodos y molestos para los que nos gobiernan. Les molesta que queramos aprender, que deseemos sanarnos, que salgamos a las plazas a pedir explicaciones en vez de a comprar baratijas, que queramos ahorrar para negarles la posibilidad de robarnos el futuro. Somos extranjeros en nuestra propia ciudad. Extranjeros para este sistema de pedorros que solo saben postular.

Nos quitan el pan y la palabra. Yo creo que ya va siendo hora de que nosotros mismos nos tomemos en serio, ya que ellos no lo hacen.

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