EL FUTBOL Y SUS METÁFORAS

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Tantas veces han venido con la monserga de que el fútbol es una metáfora de la vida (o, al menos, lo que entendíamos como tal hasta hace nada) que voy a terminar creyéndomelo. Particularmente, opino que hay más metáfora de la vida en un solo verso de Luis Cernuda o Jaime Gil de Biedma que en todas las copas del rey ganadas por el Atlético, pero ya saben que soy un tremendo iluso que vende por capazos sus bravuconadas.

El caso es que algo de razón han de tener los followers de Roncero o del Lobo Carrasco cuando defienden esa afirmación con palos y cuchillas, visto lo visto esta semana. Porque, al igual que pasaba en la vida cotidiana, los medios de turno nos habían convencido de que teníamos la mejor competición futbolística. A golpe de portada rimbombante y a fuerza de traernos jugadores de tres al cuarto a nuestra liga a precio de caviar iraní nos embaucaron. La nómina de impresentables tuercebotas que han pasado en el último lustro por aquí llevándoselo crudo y pagando por ellos diez veces más que en cualquier otra competición se hace excesiva a poco que nos pongamos a hacer memoria. No importaba que un jugador que no tenía ni un título en su haber costara 30 ó 40 kilos. Éramos lo más. Y los que decíamos que el fútbol es otra burbuja tan siniestra como la inmobiliaria y que algún día nos dará un sopapo en toda la jeta del que va a costar reponernos, amanecemos con el sambenito de tontucio del haba.

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En la vida real tampoco creíamos – y seguimos así en nuestro fuero interno – que fuéramos un país que se iba acercando al umbral de la pobreza a base de decretos. Pensábamos que eran patrañas de los gobiernos de turno para quitarnos la alegría y para que nos olvidáramos de las cosas importantes de verdad, como la prohibición del fumar o de la fiesta de la tauromaquia.

Por si no habíamos captado el mensaje la temporada anterior, cuando minusvalorábamos a un tetracampeón  y se nos llenaba la boca con lo de la final española, esta semana hemos visto como los dos tan cacareados mejores equipos de la historia, con sus dos mejores jugadores del orbe, eran vapuleados por jugadores que a lo único que se dedicaban era a luchar y a correr por la pelota como si les fuera la vida en ello durante 90 minutos.

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Remonten o no la próxima semana, la paliza infligida por el espíritu alemán sí que es una verdadera metáfora. Ellos – salvo mediación de la UEFA o paloma santera – jugarán la final de la competición más importante, mientras aquí seguiremos pensando que se vive como en ningún sitio, que tenemos la mejor Liga del mundo y los dos mejores jugadores de todos los tiempos. Y llorando por la habilidad de Robben o Lewandowski en vez de por el consejo de ministros del viernes.

Luego el iluso seguiré siendo yo. Obviamente.

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