¡PEPSI!

pepsi_maincopyright: publicidad de Pepsi con Beyoncé

Que levante la mano y dé un paso al frente quien no haya vivido una situación semejante a la que sigue: Buenas tardes, quisiera una Coca-Cola. Y oyes, a bocajarro: ¡Pepsi! Sin anestesia. Sin explicaciones ni contemplaciones. Latigazo mientras continúan haciendo como si estuvieran limpiando la barra. Es que ni se disculpan por no servirte lo que has pedido. Te lo ensartan en la testa cual maestro arquero. Algunos se regodean y hacen que te sangren los oídos. Te chulean, vamos. No digo ya si vas de sibarita y pides agua con gas. En más de un 70% la respuesta será: ¡Tónica! Y comienzan a darme los dolores de cabeza. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? Oye, que como nos hemos quedado sin tónica la ginebra te la he puesto con Los Riscos gasificada, pero no te preocupes, que voy a cobrarte lo mismo (lo del tuteo: marca de la casa, aunque tú lo enseñorees).

Esta conducta parece de lo más normal y a nadie pasma. Es entendible que haya ciertos productos y marcas en un local, pero lo que tira para atrás como un sobaco de pachulí es el desparpajo con el que, quien te lo vende, se pasa tu deseo por el mismísimo Arco del Triunfo de París (también conocido como La Estrella). Porque vamos a que esta actitud se extendiera y diera a situaciones como las siguientes: que en un restaurante pidieras atún y el metre te dijera: ¡Pluma!; que en una gasolinera pidieras diesel y te dijeran: ¡Super! Que en una tienda de electrodomésticos pidieras una televisión de plasma y te dijeran: ¡Portátil! Sin propuestas de cambio. Por el artículo 33. Como si no hubiera otro santo al que rezarle.

Arco-de-Triunfo-Paris2

Situaciones que nos parecen ridículas pero que se van acentuando diariamente en determinados contextos. Con la que está cayendo, con lo lamentable y precario que es el trabajo, con las ganas que nos tienen los jefes y que aún no nos demos cuenta de que tales actitudes solo nos perjudican a nosotros.

La moraleja está en lo que dijo una bibliotecaria el pasado martes mientras me enseñaba a manejar las máquinas del auto-préstamo de libros. Es que hay que usarlas, porque cuestan un dineral. Algún día, probablemente no muy lejano, la dulce y amable señora será desvinculada de su puesto de trabajo gracias al artefacto. Luche usted por su sustento, deje que la máquina se oxide.

terminator

La metáfora que proponía James Cameron con su Terminator en 1984 está convirtiéndose en realidad. Que haya trabajadores que no lo asuman y sigan en sus trece de descontentar al cliente (sujeto cada vez más precario también) es humillante, máxime con la cola del paro que sostenemos. Degrada a nuestra sociedad, la deja cabizbaja. Señor trabajador sin dos dedos de frente: si no es de su gusto el panorama laboral personal, apéese en la próxima, que hay gente esperando hueco.

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Un comentario en “¡PEPSI!

  1. Como te dije en facebook poeta, no puedo estar más de acuerdo. Lo lamentable es que incluso una gran mayoría ni siquiera te lo avisa y te la ponen sin más. bueno, recuerda que tienes que cambiar mi dirección si no te importa. saludos

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