EL ARTE DE PEROGRULLO

Pude escuchar la otra noche a un periodista de una publicación periódica, diaria y nacional  – de la que no diremos el nombre, nos baste con saber que rima con Facundo – quejarse amargamente del dato estremecedor de la última cifra del paro. Se preguntaba en voz alta hasta cuándo tendríamos que sufrir, puesto que se vislumbra que con las nuevas prácticas la cifra es de esperar que ascienda inconsolablemente. En el aire estaba la puesta a punto que se hará a la voz de ya en las administraciones públicas con el llamado personal laboral, que irá desapareciendo de la pantalla como los enemigos de Terminator. Al final, argumentaba, no es malo si la reforma laboral y sus diferentes brazos ejecutores inventados para paliar la crisis dan sus frutos y comienzan a crear empleo. De una puñetera vez, añado.

En ese momento el periodista parecía un muñeco de trapo en la mano del ventrílocuo Pero Grullo, puesto que se le escurrió, como si de un pescado que estuviéramos limpiando se tratara, un detalle primordial. Que está muy bien que todos nos escudemos en esa coletilla de “si al final consigue crear empleo, pues habrá merecido la pena” a la hora de defender nuestra pasividad con respecto a una de las armas de destrucción de empleo más viles de los últimos 50 años creada por un parlamento democrático, pero que habrá que poner en la mesa una fecha tope para dejar de hacerlo y rendirnos a la evidencia de que estas reformas ya no hablan de sacarnos de ningún pozo, sino que están pensadas para dejar el mundo a merced de unos pocos empresarios a los que unos muchos parlamentarios muestran pleitesía.

Porque es pura matemática todo este embrollo y las matemáticas dicen que, una vez que he aplicado la reforma laboral y he provocado una subida de tasa del tanto por ciento equis, si pasado cierto tiempo reduzco hasta esa misma tasa he hecho el canelo. Pero Grullo afirma que si en 2013 ascendemos a seis millones y medio para bajar a principios de 2015 a cuatro millones setecientos mil, estamos en las mismas que en 2011, con el mismo problemón de más de un 20% de gente en el paro y sin necesidad de habernos inventando ninguna reforma mágica. Y lo más lamentable, sin un triste Rubalcaba o un innombrable ZP al que crucificar.

Planteémonos de una vez por todas el verdadero quid de la cuestión de la reforma laboral, corroboremos con datos de economía doméstica que no era su misión crear empleo, sino maquillar la pobre economía a costa de los parias de siempre y comprendamos que es el momento de dejar de hablar de medidas para el futuro y de centrarnos en el presente. De no hacerlo, es probable que la reactivación de los brotes verdes nos pille a casi todos durmiendo debajo del puente. O bajo tierra, de puro estrangulamiento social.

p. d. La primera definición ilustrada, extraída el blog de el blog solito; la segunda y tercera, del de sabiduria animal.

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