EL GRITO DE MARZIA

copyright: Stephanie Sinclair

Marzia tiene 15 años. Y un lazo rosa en el pelo. En un hospital de Afghanistan está siendo tratada por quemaduras en la mayoría de su cuerpo. El lazo parece salvado del festín que se ha dado el fuego en su piel.

Con esos elementos – Oriente, siglo XXI, fuego – la instantánea de Stephanie Sinclair daría motivo a muchas elucubraciones. Pensaríamos en una imagen cotidiana de la guerra, en barbudos de mirada huraña. Pero Marzia nos explica muchas otras cosas, que van más allá de los clichés y de los discursos políticos. Nos explica que esa foto no es una imagen provocada por el miedo, sino por el Miedo. Ella, joven esposa, se ha inmolado, víctima del Miedo. Su culpa, romper el televisor familiar. La hipotética reacción de su marido que ha trabajado en su mente la ha llevado a pegarse fuego.

El grito desesperado de Marzia, cotidiano en muchas partes del mundo, es el grito que nace de un tipo de miedo atávico, el peor de todos: ése que nace de las entrañas de la certeza. El miedo a lo desconocido nos paraliza, sí, pero es como el suave paseo de una pluma por nuestra nuca si lo comparamos con el que nos proporciona la certeza, el saber lo que va a acontecer tal y como nosotros lo hemos imaginado. Porque este miedo, además, no se nos ha instalado de repente. Ha germinado en nosotros y ha ido creciendo hasta ese último grito de la realidad que todo lo desencadena, que lleva a Marzia, una joven de 15 años en el país equivocado, a echarse un bidón de gasolina y prenderse para no vivirlo.

Imágenes duras e incomprensibles, porque nos marcan una realidad que creemos que no es la nuestra. A la que permanecemos ajenos porque nos sabemos a salvo de ella, tan lejana. Pero estamos más que equivocados con esa idea caduca de sociedad del bienestar todopoderosa. Como hablábamos algunos amigos durante la exposición de Gervasio Sánchez en el MEIAC pacense, hace mucho tiempo que Europa dejó de vivir en la realidad. Que la realidad no es la de las libertades de postal, la del Así no, la de salvar la paga extra de los funcionarios. La realidad hierve en otros continentes. La realidad es Aleppo, es Caracas, es Ciudad Juárez, es Moscú. Es un retrato de Gervasio Sánchez, que nos la acerca con un simple recorrido por un par de salas de una vieja cárcel actualizada.

Nosotros no vivimos en ella, sino en un Matrix del que nos están sacando a golpe de porra y aún así no escarmentamos. Nos hemos tapado los oídos para no escuchar el grito de Marzia, una joven de 15 años que nos previene, que nos obliga a mirarla para que conozcamos el Miedo de esa realidad, que se nos acerca con paso firme.

Es hora de despertar, de abrazar el dolor de Marzia y hacerlo nuestro. Solamente entendiendo el mundo, podremos salvarlo. Y, de paso, liberarnos.

 

 

 

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