¡CORRED, INSENSATOS!

[Lamento no conocer al realizador de la viñeta; si alguien quisiera ayudarme…]

Pues ahí estaba yo, en la cola del banco. De uno de esos que te suben la cuota de mantenimiento un 50% anual y se quedan tan panchos, porque saben de qué va el juego y que nadie les va a decir ni mu; menos los que mandan, que están para hacer lo que hay que hacer y no para preguntarse por qué todo Cristo le mete un estacazo por la cara a los ciudadanos y a tragar.

Esperaba mi vez para pedirle a la guapa de turno unos cartuchos de veinte céntimos, que se me habían acabado, y no está el micro-ahorro para tal desfachatez. Tenía mi respuesta preparada, porque sabía que me iba a preguntar para qué los quería, porque lo hacen siempre. Para irme a San Francisco, suele ser mi contestación y por su reacción ya sé si va a darme los cartuchos acumulativos de ilusiones o a darme largas. Porque antes los bancos regalaban cosas, pero ahora tienen los bics encadenados y a prueba de bombas y ponen desfibriladores en la puerta; y digo yo que eso querrá decir algo.

Había un señor que se disponía a ingresar un fajo de billetes de 20 como para asfaltar toda la A66 y la chica ni corta ni perezosa le dijo que los ingresos ya no se realizaban en ventanilla, sino por cajero automático, ante la mirada atónita que se nos quedó a los dos. Discúlpeme, ¿me está diciendo que ahora su política empresarial exige que los ingresos de más de 5000 pasen por cajero, en un lugar al aire libre y donde se me puede atacar con total impunidad? Más o menos, iba a decirle yo. Serenamente, insistió: si no los quiere, no tiene más que decírmelo. No, no, yo voy a aceptarle el ingreso, pero lo que le recuerdo es que ahora se hacen por cajero automático, sea cual sea la cantidad. Entenderá mi negativa a pasar este paquete por tal vicisitud, sin un supervisor que me garantice el importe. Señor, nuestros cajeros son fiables al 100% y bla bla bla.

Y ahí parecía que se iba a quedar la anécdota, pero no. Que nos dimos cuenta de que él no era el titular de la cuenta y vino la machada final porque la chica le certificó que el ingreso llevaba una cuota de 2 euros, al no ser titular la persona que hace el ingreso. Ahí sí que ya nos descoyuntamos ambos. Me dio un ataque de risa y casi tengo que salir a por el desfibrilador de marras. Pero vamos a ver: ¿me está usted diciendo que tengo que pagar una cuota por ingresar en un banco?

Moraleja: les hemos enseñado a los banqueros que les pertenece nuestro dinero. Se lo han creído. Nos han hipotecado y estafado. Vindicamos la avaricia. Ahora se acumulan las consecuencias. Todo lo que ocurra desde este momento, también es culpa nuestra. Así que, como dijo Gandalf, y a riesgo de tener que pagar alguna cuota: ¡Corred, insensatos!

Llegó mi turno. ¿Y tú venías a…? A cancelar mi cuenta, señorita. Me voy a San Francisco.

 

 

 

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