LAS CHICAS

copyright: Ángel Gómez Espada

En casa las llamamos así.

Las chicas son las amigas de mi mujer, a las que estamos unidos por vínculos que van más allá de los engranajes del cariño o los hilos telefónicos. Que no te dicen llámame cuando vayas a venir y ya veremos. Sino que te dicen: en cuanto llegues me llamas.

Entonces se detiene el mundo, porque hacen esfuerzos sobrehumanos – para lo que estamos acostumbrados hoy en día – por acudir a la llamada de su amiga, la emigrante. Las he visto hacer casi hora y media de transportes por tomarse un café de 45 minutos o comer con un portátil en la mesa y dirimiendo el futuro de su empresa porque nuestra visita resultó especialmente improvisada o corta. Las he escuchado llorar por teléfono porque una reunión a las diez de la nocheles ha impedidoestar con nosotros en un templo de nuestrosencuentros, el Chez Papá de Rue de l’Arcade.

Todas ellas han estado al menos una vez en nuestra casa. Han recorrido con nosotros Extremadura y han quedado manifiestamente contentas con los encantos de esta tierra que hoy está de fiesta, como nosotros. Como mi mujer y yo, que también hoy andamos de celebración. Muchos serán los regalos que hayamos recibido hoy. Algunos, como el poema que nos ha dedicado el poeta José Daniel Espejo, permanecerán con nosotros más allá de las fronteras de lo terrenal, porque, como dice Dumbledore, lo único que provoca magia de verdad en este mundo son las palabras.

copyright: Ángel Gómez Espada

Pero otro de los regalos que no se pueden agradecer lo suficiente es que en este día de Extremadura las chicas estarán con nosotros, salvo debacle de última hora. Como suele ser habitual, han acudido a la llamada de su amiga la emigrante. Para ello, han hecho lo imposible. Han cambiado las fechas de su luna de miel o han tomado los bártulos dejando a su hijo de once meses con su padre y a la espera de que el próximo miércoles unos cirujanos le abran la cabeza, a riesgo de que piensen que es la peor de las madres.

Pocas veces se puede explicar la amistad con ejemplos tales. Un regalo que cotidianamente olvidamos, en un mundo gobernado por los derechos exclusivos del ego. Muchas veces nos preguntamos qué hemos hecho para caer en desgracia. Y es fácil la respuesta. Estamos desencantados. Hemos dejado de creer en la Magia. Sobre todo, en la magia de las palabras. En la fuerza de dos o tres palabras de sutura, capaces de reparar las heridas más profundas y de parar guerras. Antiguamente, los días de celebración el campo de batalla se detenía. Hoy hemos perdido hasta eso, empeñados en olvidar que a la hora de hacer resumen la vida es una cerveza con amigos.

copyright: Aurelia Marques

Con esta reflexión les dejo en este día de fiesta. Y ahora les permito que se pongan celosos. Las chicas más hermosas de este mundo van a pasar el día con nosotros.

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