VAYA TIMO DE OLIMPIADAS

Desde que Ben Johnson, con sus perversas trampas, le pegara un bofetón al espíritu olímpico del que todavía se está tambaleando, los juegos ya han dejado de ser un ejemplo para niños. Seguimos mirándolos por la curiosidad de presenciar quién se pega el guarrazo más grande o por ver qué español hace el ridículo más aparatoso y así poder mofarnos de él en las largas siestas agosteñas.

En este aspecto se lleva la palma la selección balompédica. Lo vamos a dejar aquí para no hacer pupa. Bastante tenemos con sustituir a Milla por Lopetegui, que es como pedirle a Messi que no lance un penalti para dejárselo a Zubizarreta.

La medalla de plata sería para la espantosa visión de nuestros ciclistas. No sabemos si por causa directa de los recortes o por ser más torpes que Pepe Gotera y Otilio, pero lo mismo se les quedaba la cadena por el camino a la primera pedalada que se les caía el sillín a cachitos. Muchos nos preguntamos si compraron las bicis con los vales que don Pantuflo Zapatilla les daba a sus hijos cuando acertaban lección.

Afortunadamente para ellos, la decepción ha sido generalizada ante el énfasis cardiaco de los periodistas en los previos al evento. Nos iban a faltar bandejas para tanta medalla de nuestras glorias. Y ahí nos vemos, acudiendo a deportes minoritarios que ensalzamos durante un par de días y luego volvemos a dejar en el cajón de los calcetines.

copyright, Al Bello – Gyi, tomada de aquí

Gracias a esos deportistas que surgen de la nada, a esos superhéroes que se costean sus ilusiones con la esperanza de una beca cada vez más precaria y que ven cómo las portadas se van a los de siempre, en el momento que escribo tenemos aseguradas al menos diez medallas. Si hiciéramos caso a las audiencias nos faltaría tiempo para dilucidar que eran logros en fútbol, baloncesto o tenis, los únicos deportes olímpicos por los que se pegan las televisiones. Sin embargo, arrasamos en competiciones de agua, en disciplinas que ni siquiera sabemos que son olímpicas.

Estos juegos pasarán a la Historia por muchas cosas. Entre ellas, por ser horteras como solo los británicos pueden serlo. Pero también, por enésima vez, lo harán por la reivindicación de los humildes. Por el grito en el desierto ministerial pidiendo auxilio y reclamando atenciones. Por el triunfo del pequeño y del menospreciado. En estos tiempos de locura y de tijera vindiquemos el esfuerzo de educar a los jóvenes en los deportes. El deporte también es educación. Apuntalemos futuro donde no se ve, y puede que algún día no estemos pendientes exclusivamente de lo que hacen los futbolistas.

No dejemos que, de nuevo, pasen a la Historia por los oídos sordos de las administraciones. No siempre al que se señala como mejor es el más educado. Si no, que se lo pregunten al maleducado de Cristiano.

 

 

 

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