POR FAVOR, SALVAME

 

copyright: no encontrado, extraída de aquí

Tendríamos que haberle seguido la pista a la situación cuando saltaron las alarmas y una de las mejores analistas de este país se puso a exponer sus teorías económicas para sacarnos de la crisis. Lo que no sabía por entonces Belén Esteban es que ya estábamos tan empantanados que nuestra Bolsa era una ciénaga y que no hacía falta que le pidiera a la Canciller que dejara de mirar por Alemania. Su intervención en Sálvame parecía una señal divina. Pero no supimos leerla a tiempo. Si la princesa del pueblo era capaz de explicarnos lo que era la prima de riesgo, es que la cosa no tenía marcha atrás e íbamos como avioneta en picado barrena.

Ahora el panorama autonómico se ha convertido en un improvisado plató de tan sustancioso programa. En edición de verano, pero sin la coctelera de las típicas reposiciones. Esto es hacer política en vivo y en directo. Los presidentes autonómicos han sido los primeros en agarrarse al clavo ardiendo y se han puesto a pedir por esa boquita, que es lo único que saben hacer. Además de despilfarrar. Eso ha quedado más nítido que las camisas del anuncio de la lejía.

Eso sí, ponen la mano sin aceptar errores ni depurar responsabilidades. Aquí no dimiten ni los que les pegan mandobles como panes a la democracia en el propio santuario. Aquí nadie pasa a mejor vida entonando el mea culpa. Yo me espero a irme de vacaciones, que van a aceptar el rescate y va a comenzar la lluvia de millones. Llaman a horas intempestivas a Mariano para intentar acertar el nombre de la ciudad con cinco vocales que abrirá el panel de los millones. Hasta los catalanes han pasado por el plató improvisado de Jorge Javier. Para ser independentistas y autosuficientes no pierden comba, no vaya a ser que llegue Valcárcel primero y se lo lleve crudito.

Mientras tanto, España se está quemando por completo. Y el bombero – junto con otro tipo de funcionariado – se bate el cobre por apaciguar el voraz apetito del fuego. Lo que hace unos años se tardaba horas en extinguir, hoy se mide por semanas. Es lo curioso de los recortes. Que nos acordamos de ellos cuando ya tenemos el fuego metido dentro de casa. Terminada su jornada laboral, este funcionariado se asea un poco y sale a la calle a reclamar porque no sigan las llamas del consumo minusvalorando su nómina. Algunos llaman a esto acto de rebeldía y dicen que es no mirar por el bien del país, que se va a pique, y les mandan circulares y recaditos para que dejen la manguera a buen recaudo.

Hay que tenerlos como dos soles para decirle a los bomberos que se juegan la vida por salvar árboles y futuro que no juegan limpio. Pero este es el país que ahora mismo estamos construyendo. Y a este paso, en menos de una década, no lo va a reconocer ni la madre que lo parió.

p.d. Publicado en diario Hoy de Extremadura el 28 de julio de 2012.

 

 

 

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