NUESTRA FORMA DE ACTUAR

Imagínense que mañana amaneciéramos con la noticia de que el Museo Sorolla necesita 700000 visitas de aquí a final de año para no ser cerrado y para que obras cumbre de la pintura nacional no terminen prestadas a otros museos. En ese caso, palmo arriba palmo abajo, esta sería nuestra forma de actuar: no nos sorprendería la noticia, lo achacaríamos a la crisis. Intentaríamos vislumbrar si hemos estado en ese museo y, de haberlo hecho, qué recordábamos de él. Probablemente sus chicos y chicas en la playa, o el retrato de Pérez Galdós – esto último afinando mucho. Como habríamos pensado en la playa, nos vendría a la memoria el último catálogo del buzoneo con las ofertas estivales y habríamos hecho una lista de la compra. No volveríamos a acordarnos de Sorolla hasta que a principios de año nos topáramos con el inminente cierre del museo, por falta de visitas. Entonces, y sólo entonces, nos daría por rasgarnos las vestiduras y echarnos a las redes sociales como posesos a gritar la increíble injusticia que se estaba cometiendo y cómo era posible que los dirigentes hubieran dejado que aconteciera. Los pondríamos de vuelta y media por su mala gestión, nos desfogaríamos hasta echar bilis por la boca y santas pascuas.

Ustedes dirán: este chico está desvariando, necesita unas vacaciones. Pero reflexionen: ¿cuántos hubiéramos cambiado a última hora nuestras vacaciones para acudir en masa a ser una de esas visitas que el museo reclamaba para no ser borrado del mapa? ¿Cuántos hubiéramos hecho ese esfuerzo con tal de que no suceda aquello por lo que después clamaremos desalmados?

Vivimos en el mundo de la hipótesis, pero son actualidades que van saliendo diariamente. Ha pasado con el Club Deportivo Badajoz, que está desapareciendo. Y es ahora, cuando ya no hay remedio – o eso se intuye – que nos tiramos a la calle y le proclamamos amor incondicional, pero hasta ayer mismo las gradas de su estadio parecían las estanterías de Zara tras el primer día de rebajas. Con llenar el campo cada domingo quizás habría bastado para evitar el drama, pero era mejor pasarlo en San Isidro o en Matalascañas.

Ha sucedido con la Orquesta Sinfónica de Extremadura. Nadie daba un duro por ella cuando actuaba y nos instruía. Si le preguntabas a alguien si acudiría a su concierto en tal localidad te decía que había que pagar o que jugaba el Bilbao esa noche. Ahora que toca gratis en plaza pública llorando por su lamentable final llenamos los aforos, protestamos por whatssup y nos tiramos de los pelos.

copyright: Ángel Gómez Espada

Y continuará, no les quepa duda. Es nuestra forma de actuar. Forma parte de nuestra identidad. Pero no se preocupen: para que nunca nos sintamos responsables, afortunadamente el dios Zuckerberg nos ofreció el maná de las redes sociales.

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Un comentario en “NUESTRA FORMA DE ACTUAR

  1. Qué bien se te dan este tipo de artículos, nene. Qué bien. Se le queda al lector la mala leche de asentir sobre su miserabilidad.

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