EUROAGUIRRE YA ABURRE

Existen personas que tienen un don y por ello son reconocidas. Se les atribuye en ocasiones demasiados elogios, pero es innegable que lo poseen. Los medios de comunicación se rinden ante ellos – no siempre en la medida que nos gustaría – y cada movimiento suyo es seguido por incondicionales. Ya saben, sin ir más lejos, lo que pasó esta semana con José Tomás, así que no voy a explayarme.

Estas personas, tocadas de ese don, es probable que – con el paso del tiempo y la rutina – sientan la necesidad de convertirse en el centro de atención de todas las miradas en su terreno. Es condición del ser humano, por más que al principio rehuyamos del sambenito de estar de moda o a responder a preguntas tipo Sara Carbonero. La inmodestia es un epígono de la soberbia.

Sin embargo, hay millones de personas que carecen de ese toque, de ese duende, de ese mojo. No destacan en nada. Pero sienten – cada vez más, para su miseria personal – la apremiante ansiedad de sentirse el centro de atención.

¿Qué hacen éstos? Suplen sus carencias con un rostro de cemento, con tal de salir en la foto. Han optado normalmente por dos tendencias: o convertirse en presa fácil de los foros y vivir de los réditos de un ficticio y puntual subidón de famoseo o meterse en política y ser un arribista. Si hacemos caso de estas premisas, no es de extrañar, por tanto, la amplia horquilla de políticos y programas del cotilleo.

Es retorcido, pero la mar de efectivo. A los políticos se les demuda la tez en cuanto huelen un micrófono, como a los participantes de Gran Hermano cuando ven a un reportero del Interviú. Son felices delante del micro. Cuando se les arrebata por la causa que sea, lo buscan con premura, como un bebé el pecho que lo amamanta. Su ego es incapaz de abrir un periódico sin saberse inserto en él.

copyright, Ouka Leele

El caso más flagrante es el de la presidenta de la comunidad madrileña, quien exprime sus entendederas para darle carnaza a los que la exigen con tal de sentirse la protagonista del día. Si se ve excluida dos días consecutivos de tal dudosa honra, al tercero volverá a la carga con los hunos, soltando una sandez de proporciones tan estelares que hará olvidar su anterior barrabasada.

No necesitamos mentecatos como usted, señora Aguirre, que están en la cosa pública para maquillar su alma diariamente, a costa de emponzoñar la de los que le pagan. Por favor, márchese. Su tenacidad cansa y aburre. Dedíquese a la fotografía, como su prima. Deje de molestarnos con sus impertinencias. No es el momento. Cuando tengamos motivos para la alegría, regrese. Estaremos dispuestos a reírle todas las gracias a las que esté capacitada con tal de salir a escena.

Pero por ahora no. Hoy es usted un personaje demasiado miserable para esta España tan triste.

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