ESCLAVOS DEL DEPORTE PARA ESCLAVOS

Desde que el mundo es mundo, es decir, desde que se inventó la televisión y aprendimos a convivir con colores imposibles hasta entonces desapercibidos, la moda y el sentido común han sido dos paralelas que no se tocan ni por casualidad. Como dos amantes nonagenarios antes de que se inventara la Viagra. Y desde que se instaló en nuestras retinas youtube tanto peor. Trajes hechos con filetes de carne, tirantes con camisetas de gasa, pantalones de pana remachados con un par de Louboutin y un largo etcétera. En nombre de la moda, se han cometido casi tantas abominaciones como en el de las religiones mil años antes.

La moda no te crea ni te destruye, solamente te idiotiza; y si bien era natural que fuera gente famosa la que marcara tendencia en los últimos años, ahora son los callejeros los que la crean. El día que lo hagan los payeses estaremos hablando de una verdadera revolución de ideas, pero mientras tanto nos tendremos que resignar con los usos de Kate Perry o Johnny Depp. Así, cualquiera que haya heredado de sus hermanas mayores una Nancy o una Rueda de la Moda se postula como nuevo gurú.

copyright desconocido / sacada de aquí:

Uno de ellos, Jeremy Scott, no ha tenido otra ocurrencia que endosarles unos grilletes de plástico naranja a unas deportivas. La propuesta era de una afamada marca de ropa hecha para sudar y que la gente se compra para ir al Carrefour o al Bingo, que bien mirado son deportes de alto riesgo, dependiendo del horario. Pero le ha salido el tiro por la culata. Resulta que la opinión pública – léase twitter y facebook – ha puesto el grito en el cielo y se ha escandalizado con el engendro. La idea de los grilletes es demasiado moderna para esta sociedad cada vez más retrógrada. El pastor afroamericano Jesse Jackson – muy de moda en los 80, pero no tanto como los Milli Vanilli – se ha agarrado un mosqueo de padre y señor mío por el diseño equívoco y racista de las deportivas y la marca ha decidido cancelar su salida al mercado.

Lo triste de la moraleja es que las retira no por la ofensa que supone un diseño tan espantoso y hortera, sino por las connotaciones que prodiga. Entiéndase: la esclavitud y todas esas futilidades del pasado. A ver si ahora no va a poder uno gastarse una riñonada en un trozo de plástico y ejercer de hortera cuando le plazca porque a unos cuantos millones aquello les recuerda el sufrimiento de sus antepasados.

Total, qué más da que los grilletes se vean o no, si los llevamos puestos las 24 horas del día. Si cuando no nos están esquilmando las libertades, nos están reduciendo el pensamiento o reciclándonos los derechos fundamentales. Total, qué más da, si bien es cierto que quien es capaz de gastarse 300 dólares en una prenda de vestir por la marca lleva en su interior grilletes aún sin él saberlo.

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