ENTRE PITOS Y FLAUTAS

No sabía si hablarles de fútbol o de política y en esto que llegan los que se ponen delante de un micrófono a soltar lo primero que se les pasa por esa cabecita que Dios les ha dado como decorado de un muestrario de Ikea – porque para otra no sirve, a las pruebas me remito – y me mezclan churras con merinas. Porque, bien pensado, la política es como el fútbol: un montón detrás del voto – el balón – para culminar metiéndole un gol al poder. Pero cuando tienen el balón en su poder ni unos saben qué hacer con él ni los otros qué hacer con los votos otorgados.

El caso es que como no hubo finalísima española en Champions – para disgusto de todos y máxime de la UEFA, que perdió una riñonada en el cambio – y como tampoco estábamos en la foto del G8 celebrando con halos de sudor en las axilas los goles del portentoso Drogba, pues nos ha dado como mucha envidia y hemos ido a saco con lo que nos queda: nuestra copa del Rey.

Ciertos políticos especialistas en echar balones fuera han salido a defender el himno nacional en detrimento de los abucheadores de turno. No les gusta que un pitido prolongado y vacilón se convierta en la letra de ese himno iletrado y, claro, con lo que disfrutamos los patrios con una polémica chorra, pues últimamente los pasillos del Congreso parecían el escenario de La Noria.

Que no respetan a nuestro monarca, pues vale. Que un alto porcentaje de los que van al campo sean unos catetos es un riesgo que hay que asumir. Que haya políticos de primera fila que salen a dar su opinión cuando nadie se la ha pedido resulta una considerable metedura de pata. Pero nos tienen más que acostumbrados. No sé a qué viene tanta demencia tertuliana.

Me parece estupendo que unos señores que dentro de tres semanas se van a mesar los cabellos o a dar saltos de alegría arropando a la Roja, jaleando a los leones y a los culés que la representarán, no vean la paradoja de su decisión y se pongan a pitar lo mismo que dentro de nada defenderán con la misma vehemencia. Es una polémica de patio de recreo: si algo está obsoleto hoy en día son ciertos nacionalismos, subyugados todos como estamos por los desequilibrios financieros, tanto si pertenecemos a un concepto mayor o somos independientes y felices. La Merkel nos venderá hasta las banderas para reducirnos el déficit por igual, portemos la camiseta que portemos.

Y lo del amor al himno y al rey, qué voy a decir a estas alturas. Unos cuantos oscuros personajes que antes se comerían una granada que pitar al himno nacional ya demostraron bien a las claras hace unos años que no lo querían. Sin embargo, cuando salieron despavoridos por la ventana tampoco es que pasara mucho que digamos. Y eso que un intento de golpe de Estado sí está tipificado como delito, ¿no?

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