PAÍS DE CACHONDOS

Cada día que pasa tengo menos dudas al respecto: este es un país de cachondos. Y no lo digo porque nos dé por hacer desfiles de novia con un andrógino ni porque hayamos abierto un museo del cáñamo – que alguien me explique la necesidad de tales frivolidades.

No es de extrañar, por tanto, que nuestros políticos sean los máximos valedores de la anterior máxima, como demuestra el extinto consejero de salud extremeño, que tiene el cuajo de aseverar que no ha cobrado por sus aportaciones puntuales en una clínica privada lusa y que desconocía la ley de la incompatibilidad. Luego van los de la Academia y le dan el Goya a José Coronado.

Ahora los de la calle Génova presentan una campaña publicitaria en la que explican por qué las reformas no sólo son necesarias, sino que son una garantía de futuro, cuando más que nunca necesitamos garantías de presente, porque, sin ellas, no habrá futuro que valga.

Desde este púlpito humilde les damos las gracias por echarnos colirio en la vista con la herencia del anterior gobierno presuntamente socialista, y sus vilipendiadas mentiras. Pero hubiera quedado mucho más resultón no haber recortado tanto en cosas tan miserables como la atención sanitaria y vespertina. A este ritmo van a poner tasas por acudir a las ruedas de prensa.

Así, hubiéramos comprendido las reformas sin tanta puñalada trapera, sin tanta viernesicidad ni tanta alevosía de fin de semana mediante. Porque ese futuro de anuncio de McDonald’s que nos están pintando el viernes es un lunes de un muy real decreto de letra pequeña que va fumigando la dignidad del ciudadano para aniquilar el bichito del consumismo de a pie. Y así se hubieran ahorrado de paso el dinero de la campaña también, fomentando que incluso nos hubiéramos reído con el cachondeo que están propagando con lo de Bankia: en esa puesta en escena hay más humoristas por metro cuadrado que en Risas y Estrellas.  Que ya hay quien se ha apresurado a salir delante de micrófono para apelar a la caridad del ex director del FMI y que este renuncie a su indemnización. Por cachondos que no quede. Para cantarle lo mismo que los aficionados del Bilbao al cada vez más insoportable niñato de CR7.

Pero qué duda cabe que en el número uno de mi lista de favoritos de esta semana están aquellos parados que emitieron en las urnas cambio y castigo y que la noche del lunes soñaron con una llamada del presidente en la que les entregaban la vacante dejada por el señor Rato. Que los hubo, fijo. Y es más, me apuesto con ustedes un pincho de tortilla española a que alguno de ellos, en su sueño, no aceptó el ofrecimiento al no estar de acuerdo con la indemnización que le iba a quedar.

Para estos últimos me he quedado sin palabras. A ver si la semana que viene hay más suerte.

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