LOS NUEVOS PARIAS

Una nueva estirpe de parias ha sido señalada por el colectivo social. Se le ha asignado la difícil tarea de pagar los platos rotos de los que durante las dos últimas décadas dejaron el sentido común en un cajón de la mesilla, arrumbado junto a los calcetines de las bodas, ésos que siempre estaban a estrenar.

Voy a tener el descaro de incluirme en ella, para mi sonrojo. Somos aquéllos que en su día cometimos la imprudencia de no hipotecarnos hasta la comisura de los labios, porque no nos terminábamos de creer el cuento de la lechera que nos traían los directores de sucursales bancarias. Los que en su día no cambiamos de utilitario a monovolumen en cuanto llegó la primera falta de nuestras esposas o compañeras. Los que desoímos el canto de sirenas de nuestros amigos cuando nos decían que por dos duros más al mes nos olvidáramos del caro alquiler y nos buscáramos un rinconcito con jardín y piscina comunitaria, lo suficientemente amplio como para que nuestras mascotas defecaran a su antojo sin necesidad de condenarlos a la tortura de una cajita de pocos centímetros cuadrados. Los que no pedíamos un crédito para irnos de luna de miel a Bali y nos contentábamos con las virtudes del Loira. Los que emigramos a más de 600 kms de casa para no ser tildados de mileuristas después de haber penado media vida por las universidades, apoquinando religiosamente en busca de un futuro que siempre fue pasado.

Se nos echa en cara ahora tanto lo de ser privilegiados por no tener deudas y buscar la felicidad en los placeres sencillos como lo de manifestarnos con jeans de Máximo Tutti o camisas de Endolfo Dolfinger cuando no fuimos los nuevos parias los que hicimos de las marcas ideología.

Puestos a equilibrar y a darle a cada uno lo que pide, propongo que los que están a favor de las reformas laborales, de cualquier índole económica o gubernamental, que den un paso adelante y firmen un pacto por el que exijan que sean única y exclusivamente ellos los retratados. Si tanto pecho sacan por las redes sociales y tanto quieren arrimar el hombro no vamos a ser los nuevos parias los que se lo impidamos, antes lo contrario. Aplaudiremos fervorosamente y con profusión suficiente como para traspasar fronteras su encomiable iniciativa de “nosotros acatamos, nosotros aprobamos y nosotros sufragamos”.

A los demás que nos dejen vivir en paz. Así nos iremos haciendo favores los unos a los otros, que de eso se trata, de convivir en tiempos tan extremos, de que no nos asalte un follower con nocturnidad y alevosía para llamarnos enemigos de la patria ni otras lindezas de índole semejante.

Si somos tan pocos los que nos quejamos, según sondeos de las fuerzas de seguridad, ¿por qué no acallarnos de un plumazo dándonos lo que reivindicamos?

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