AUSTERIDAD DE LA PALABRA

Desde que se constituyera nuevo gobierno no creo que haya palabra que se repita más que la de austeridad. Lo llevamos a rajatabla, sobre todo en su acepción que habla de sobriedad y ausencia de adornos. Incluso está impregnando a protagonistas de la escena pública que poco o nada tienen que ver con la política. Pongamos por caso al Real Madrid tras su paso por El Madrigal. Sólo se escuchó a CR7. Sus palabras bien podrían expresar opinión política con ese contundente “Robar. Sólo Robar”.

La austeridad está ahora mismo en todas partes, va paseando contigo de la mano y no te deja saborear los momentos más mundanos y solitarios. Bien en el parque te pela las pipas, en la lista del paro rellena tu papeleo, en la cama te consuela a pelo, bien está de campaña por tierras andaluzas o asturianas, porque no hay nada más emotivo que recibir la primavera con tormentas, nieves y políticos dejándose los exiguos presupuestos en atriles, bocadillos, bolígrafos y banderolas de colores.

Y para que no nos descuidemos con las bonanzas de las margaritas preñadas de polen y las minifaldas de tonos variados, nos han puesto nada más entrar una bifurcación de senderos: a la izquierda, una reivindicación con tintes de huelga inoportuna para los que nunca sufrieron lo de ser mileuristas; a la derecha, unos presupuestos que van a cancelar muchos vuelos en Semana Santa y van a llevarnos de picnic al desánimo.

En medio, está la primavera, que ha entrado casi a escondidas, adelantándose a su horario habitual, trayéndonos el recordatorio de la celebración de la poesía.

La poesía es ese género, para los que no lo sepan, en el que siempre ha primado la austeridad de la palabra. Es algo vivo. Por mucho que medios de comunicación la maten cuatro o cinco veces al cabo del año, pervive con nosotros. Es algo que en muchas ocasiones nos olvidamos que existe, como el Síndrome de Down o la discriminación racial. Y por mucho que uno bromee con que hay más poesía en el último anuncio de Intimissimi que en todo Jovellanos, no tiene que ser reivindicada, porque existe en cada uno de nosotros: me da igual que algunos la llamen Messi, otros, Angelina; y los más entrañables, Garcilaso.

Ya que este año está tan de moda la austeridad, acudamos a la poesía, tan en boga siempre, tan necesariamente austera. En 17 sílabas puede contener mundos. En 14 versos hasta el espejo de lo intangible. Si no están de acuerdo, recuerden qué película arrasó este año sin mediar palabra. O por qué algunas generaciones quisimos tanto a Charles Chaplin. Y sonrían después, encaminándose hacia una biblioteca, como el ángel tonto de Alberti que temía porque le pidieran las alas.

Una biblioteca, qué cosas digo. Otro templo tradicional de lo que fue la austeridad de la palabra.

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