¿ES EL ENEMIGO? ¡QUE SE PONGA!

La táctica de la policía valenciana estos días, cargando contra los estudiantes de instituto como si de zombies de Walking Dead se trataran, es el súmmum si nos referimos a posicionarse frente a una realidad. Visto a través del visor de las cámaras las imágenes repugnan y dan miedo, pero el cariño y la solidaridad de esos agentes públicos para con las próximas generaciones son dignos de elogio, cuando no de medalla al mérito.

Su estrategia ha quemado las rotativas, señalando un grave problema: los recortes presupuestarios en docencia en los últimos años, que van a llevar a las próximas generaciones, tal y como decía Forges, a preguntarse si Cervantes se escribe con B de Boston o con V de Vermont. Gracias a su profusión reivindicativa en el manejo de las porras y en el presunto abuso de la autoridad ha trascendido una simple manifestación estudiantil que no hubiera pasado del blog del insti, siguiendo el normal cauce de los sucesos.

En cada contundente respuesta masiva a base de porrazos y bloqueos contra el asfalto los agentes estaban ofreciéndoles una nueva oportunidad de futuro a esos chavales insumisos y violentos. A pesar de que nadie lo haya entendido, nítida es su intención. La de favorecer esas partidas presupuestarias para educación, dándoles donde más les duele a los políticos: en la opinión pública.

La encomiable predisposición de los agentes, al mando de ese Jefe ácrono, es merecedora de aplauso. Su énfasis ha provocado el caos necesario para que los periodistas, cada vez más perdidos entre lo que es noticia y lo que es una idiotez, no hayan dudado ni por un instante en meterles el micrófono en el ojo a los detenidos, a riesgo de salir malparados.

Porque ésta es la idea, al igual que en otras ocasiones. Muchas manifestaciones no hubieran pasado de la convocatoria hecha a bolígrafo o pegada en una farola de no haber sido por los centenares de antidisturbios – me da igual que fueran con el uniforme de gala o el de paisano – que fomentaron la noticia gracias a su profesionalidad en el manejo de los aperos disuasorios.

Y el Jefe de Policía, como un hábil Mourinho en su versión más cabreada, no ha podido estar más acertado tachando de enemigos a unos imberbes reunidos en masa que atacaban con apuntes de geografía. Con sus armas, la policía hace su doble juego, que nunca sabremos agradecerles lo suficiente. Parece que estén junto a los que destejen y urden, los mismos que les rebajan el sueldo minuto a minuto, amenazándoles el sustento. Es una fachada. Se solidarizan con nuestros problemas, haciéndolos suyos, participando de ellos. Recuerdan con ternura al conductor de Hermano mayor.

Si para ello tienen que quedar como los malos de la película, a qué dudarlo. Para eso han aprendido de Batman.

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