EL HUEVO KINDER DE FÁTIMA

El Kinder Sorpresa de la Ministra de Desempleo ha dejado sin habla a propios y a extraños. Más si cabe a aquellos que le endilgaron la patata caliente a este gobierno pensando que castigaban al anterior. Tal y como reza la publicidad del huevo, déle usted el texto del real decreto a cualquiera y mire la cara que pone. Es un poema, y no precisamente de Gil de Biedma. El texto, lleno de greguerías, hubiera sido la Biblia de la mesita de noche de Gómez de la Serna, porque no se puede decir tanto en tan pocas páginas. No se puede decir más alto y más claro: los trabajadores somos unos delincuentes porque estamos abusando de la confianza de quien nos retribuye, haciéndole pasar por unos estragos económicos insufribles.

En tan sólo 64 páginas la culpa de todos los males endémicos que asolan este país ha pasado de ser de un solo señor, Rodríguez Zapatero, a todos los que desempeñamos una labor, por mal pagada que sea. Y esto, por lo visto, es punible en tiempos de crisis.

Este suculento huevo Kinder de Fátima iba dedicado a los patronos, que se han mostrado encantados, después de tanto llorar a las puertas del Congreso. Ya se sabe que el huevo no es un regalo, sino tres: desaparece el despido improcedente, que se queda en una utópica anécdota; se permite rebajar el salario de los trabajadores con presentar unos datos asustadizos; y se abre la puerta a los fraudulentos insanos que siempre tienen carraspera en cuanto asoma un puente por la esquina. ¿Es un comienzo para la creación de empleo? Sí, porque desde el caos y la devastación sólo cabe un renacimiento.

Trabajar cansa, decía Pavese, que terminó suicidándose. Pero ese cansancio no es físico: es la cansera murciana, la del desfallecimiento del alma, en todas sus variantes. Y lo que se convirtió en un derecho de los ciudadanos de este país, gracias a un texto del 78, y en los 90 se convirtió en un privilegio gracias a la acumulación de crisis y guerras multinacionales, a partir de ahora pasará a ser un recurso para atemorizarnos aún más si cabe.

El miedo al patrón va a ser el nuevo gas sarín de este siglo.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Señora Ministra de Desempleo, eso también es de Pavese, que ya le digo que acabó muy mal. Y no sé muy bien cómo explicarle la parte negativa que todo Kinder Sorpresa conlleva, porque hay unas instrucciones dentro para montar la figurita – la verdadera codicia por la que obligamos a nuestras madres a que nos compren el huevo – y que es la parte que les toca a los padres. Cuando hayan aplacado a todos los delincuentes laborales de este país, dígame quién va a montar esas piezas.

¿Usted y sus empresarios? Permítame que lo ponga en duda, aunque la opinión de un delincuente esté hoy en poca estima.

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