DAME NOTICIAS Y LIMONES

No sé si será una cuestión mía, que estoy haciéndome cada vez más viejo y más verde, pero de un tiempo a esta parte me da por apoltronarme junto a una buena cerveza de santa marca a la hora de los telediarios. Y es que las presentadoras tienen una presencia espectacular, hecho por el que nunca antes habían destacado. Parece como si aspiraran todas a algún trono, no sé si me explico. La tendencia Carbonero, por lo visto, hace furor y todo cristo se quiere apuntar el tanto de un momentazo a lo Casillas.

En una galaxia muy muy lejana quedan los tiempos del presentador serio de noticiarios. A ser posible, con bigotazo. Parecía que se habían tragado un limón antes de narrarnos los extraordinarios sucesos que alimentaban nuestros temores. Éramos capaces de adivinar en un santiamén lo cancerígeno que podría resultar el ayatolah Jomeini o las intenciones aviesas de Brézhnev y Ronald Reagan para las políticas internacionales sólo con escuchar el tono de las voces de sus presentadores; tan graves y circunspectas que el simple tintineo del hielo en el vaso te conducía inexorablemente a un cachete de tu padre.

Ahora no. Ahora la guapa bermeja de turno impregna la pantalla con un tono de labios de lo más bermellón para hablarte de las inverosímiles maniobras bursátiles con metáforas sacadas de un parte meteorológico o se pone un gorro design y se sube a Navacerrada para explicarnos que a más de mil metros de altura el grajo vuela bajo en pleno diciembre y que, qué faena, hay pueblos perdidos de la mano de Dios en la provincia de León que se quedan aislados en cuanto comienza a nevar.

Los presentadores y, por ende, los periodistas de la talla de Luis Carandell, Luis de Benito o María Carmen García Vela han ido desapareciendo de nuestras pantallas, sustituidos por rostros hermosos de proporciones canónicas que rocían la noticia con un toque de incredulidad algo exasperante. A veces se dan excepciones, como el caso de Urdaci o Ribagorda, pero lo habitual es encontrarse a un Hilario Pino cada vez más joven y más de sport para que desatendamos los desastres que los políticos van propagando en cuanto abren la boca. Al fin y al cabo, quién necesita rigor y circunstancia cuando, cada vez con más frecuencia, son los propios espectadores los que rellenan el espacio con sus vídeos colgados en la red, con sus hashtag de twitter, con sus fotos de un atardecer espectacular en lo alto del Piornal o un amanecer de los que quitan el hipo en el Jerte.

Así que no nos queda otra que relajarnos frente a los telediarios a la hora de la cerveza, porque hoy uno tiene que enfrentarse a ellos como si viera un resumen de lo que pasa en las redes sociales.

Y dejemos los rigores para el tiempo del café, junto a un buen periódico.

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