OJALA [VERSIÓN IMPOSIBLE # 21]

Todo el mundo conoce a Alejo Stivel por diferentes razones.

Los que todavía tenemos pelo, que no es su caso, lo recordamos de los tiempos de Parchís, mejor dicho, cuando Parchís hacía versiones de sus éxitos, o Tequila, dependiendo de si frisamos los 40 o los sobrepasamos, dependiendo de si veíamos Sabadabada o Aplauso. Como vocalista de tan insigne como añorado grupo nunca hizo mal a nadie. Nos gustaban sus greñas desmadejadas y sudorosas, sus movimientos pélvicos, emuladores de Mick Jagger, pero llevando una cuadrilla de comejenes en la entrepierna. Todo en él estaba bien y no disgustaba, ya digo: canciones pegadizas para una época nacional  transitoria, con letras fáciles y rock and roll sencillito, para todos los públicos. Todo muy premovida.

De hecho, cuando se disolvieron en 1982 Stivel se dedicó a otras actividades musicales, haciéndose productor. Y aquí fue donde comenzó a molestar, pues de sus consejos han salido productos del tipo Los Caños, Kiko y Shara, Melocos, Airbag o Los Lunes que quedan. Eso, por sí solo, ya valdría para el libro guiness, pero es que también puso su granito de arena en el presuntuoso proyecto televisivo y público (pagado por todos nosotros, vamos) de Hijos de Babel. Claro, ya no se acuerdan… Es que duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio. Se trataba de aquel espacio cuyo modus operandi era siniestramente similar al de Operación Triunfo, pero con inmigrantes, con ansias de salir de detrás de su realidad de trabajar por debajo del mínimo interprofesional. El gancho no resultó, porque se olvidaron de que no es lo mismo para los españoles llamarse Rosa de España que Rihanna Shakira de Colombia. Vamos, que cómo cantaran personajes que nos recordaban a los que dan la tabarra en el metro como que no.

Este currículo ya le hubiera valido para esconderse en algún búnker y no haber salido hasta la extinción total de la estrella solar. Sin embargo, el gusanillo de la música ha vuelto a corromper al argentino afincado acá. Si ya en 2008 reunió de nuevo a lo que quedaba de Tequila para recaudar fondos para la causa (la suya propia, obviamente) y salió de gira, en 2011 se nos ha presentado con un disco de versiones de todo tipo, titulado ampulosamente Decíamos Ayer, rememorando la frase de Fray Luis de León, para explicarnos que nada ha cambiado a pesar de tan prolongado silencio musical.

Él mismo asegura que quería darles un revolcón a las canciones y no nos cabe la menor duda de que lo logra en la mayoría de ellas. Si hemos destacado dentro de la nómina Ojalá es porque hay que estar muy tonto como para meterse con alguien tan sagrado y condenadamente bueno y al margen de todo como Silvio Rodríguez. Miren ustedes: me ha tocado la femoral el Alejo con lo que ha hecho con la canción del maestro cubano. Por mucho que el propio maestro haya elogiado públicamente a Stivel, no me convence la versión, tratando un canto amoroso o a favor de la esperanza como si fuera un rock and roll blandengue, con demasiada frescura, como si estuviera cantando una de Parchís.

Mucho se ha dicho sobre uno de los buques insignia del cubano. El maestro ha tenido que desencantar a todos diciendo que el protagonista no es Pinochet, porque no se merece una canción tan tremenda, sino Emilia, un primer amor de juventud de cuando Silvio apenas tenía 18 años y hacía el servicio militar. Fue un amor frustrado, pero hermoso y eso le llevó a componerla durante un viaje en 1969, aunque la canción no se incluyera en disco hasta el 78, en Al final de este Viaje. Por el 69, Pinochet no era tan poderosamente mamarracho, por tanto. Pero aún así, la canción transmite una fuerza inconmensurable, con una sarta de deseos que ponen los pelos de punta. Por eso, no nos queda más remedio que defenestrar la versión del argentino. No me malinterpreten. Si fuera original, sería hasta pegadiza, pero Stivel ha conseguido extirparle toda esa contundencia verbal y expresiva de la que hablábamos antes. No busquen razones especiales en esta ocasión: simplemente es que uno no puede versionar a Silvio Rodríguez y salir indemne. Y menos con eso acentito tan che. Ya no estamos en esos siglos en los que los argentinos podían salir de compadreo a revolucionar junto a los cubanos, por mucho que se empeñe Diego Armando.

Versión Original:

Versión Imposible:

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