FALLING DOWN [VERSIÓN IMPOSIBLE # 18]

A ver, que es una de mis musas desde que la vi en Lost in Translation, película espléndida de la Coppola y de la que más de uno debería aprender. Hasta ahí todo correcto. La muchacha, como actriz, no tiene precio. Tampoco como musa de Mango, para qué vamos a engañarnos. Sirve para casi todo la Johansson y tanto es así que se lo debió de creer y se dijo: oye, si todo el mundo lo hace, por qué no yo. ¿Qué tiene la Cher que no tenga yo?, pensaría probablemente. La respuesta obvia es plástico en las venas, pero no estamos hablando de eso. La Cher comenzó cantando, querida Scarlett. Claro, que tienen algo en común. Y es que la Cher ya hizo en su día una versión de Dylan de la que hablaremos algún día aquí.

Así la rubia neoyorquina musa de Woody Allen decidió meterse en un estudio discográfico, después de algunos escarceos. Por ejemplo, cantaba Brass in Pocket, el megaéxito de Pretenders, para la película que antes hemos mencionado. Como ella es más chula que un ocho, su primer trabajo, Anywhere I lay down era un descarado fusilamiento-homenaje a Tom Waits. Uno se imagina al californiano y a la actriz y el binomio resulta ya de por sí desajustado e imposible. Las críticas la pusieron a bajar de un burro nada más salir, porque maltrataba al maestro. Pocos recuerdan que el maestro Waits ya había sido muy maltratado mucho antes por otros energúmenos de la música y nadie había puesto tanto el grito en el cielo. Pero claro, era una actriz rubia y macizota y la cosa de los estereotipos y todo lo demás. La pusieron a parir, para qué vamos a mentir. Cualquier revista especializada que se adentró en su disco salió echando pestes, porque era lo fácil. Como si hubiera sido la primera actriz que la cagara dentro de un estudio. La Rolling Stone, sin ir más lejos, adujo que se trataba de una Marilyn Monroe desmayada (y estamos hablando, supuestamente, de una publicación seria).

Como primer single escogió la canción hoy mencionada, Falling Down, que Waits incluyera en su álbum Big Time, de 1988. Era la única pieza de estudio que previamente no había sido registrada, pues el trabajo consiste en su primera indagación en el directo, con una idea que luego también se transformó en película, donde se da una experiencia músico-teatral en forma de sueño, capitaneado por el propio Waits.

¿Se dan cuenta? Los puristas escupen a la cara de la actriz por meterse a cantante y revisar al californiano, pero éste también se ha pasado toda su vida flirteando con la cinematografía. Sobre todo de la mano de Jim Jarmusch y del mismísimo Coppola (otra pequeña paradoja, cómo los Coppola han influido en sendos artistas para salirse del camino que el destino les había marcado).

Lo cierto es que no podrían ser dos voces más diferentes. Una de pianista  de tugurio típico de novela negra y otra de sugerente niña rica. Bueno, de acuerdo con que la de la Scarlett es un poco cazallera, si me permiten esa expresión, al igual que la del californiano, pero, por mucho que se esfuerce se le nota que Waits le viene algo grande, aunque el disco se deje escuchar. Y, dentro de eso, Falling Down es un buen botón de muestra. Por mucho que se metan los coros de un David Bowie – lo que siempre da un prestigio del copón – no deja de sonar a cualquier cosa menos a Tom Waits. A ratos se nos aparece Sinead O’Connor por la mente; a ratos se nos aparecen los Jesus and Mary Chain en su versión más popera. Lo que no deja de ser curioso también, pues ella ya había actuado con ellos con anterioridad por el rollo de Lost in Translation, que devolvió a los escoceses hermanos Reid a la palestra gracias a la inclusión de Just Like Honey como tema principal de la Banda Sonora.

En fin, demasiadas referencias para que podamos considerar su trabajo como algo original. Su voz pasa totalmente desapercibida, no como la original del californiano, que aplasta y maldice en cada verso y que hace que la melancolía se vista con sus mejores galas cada vez que uno lo escucha. Falling Down, por tanto, no deja de ser un mero ejercicio de una rubia que quiere ser cantante. De no ser por su físico y la fama que ya arrastraba, su ópera prima hubiera quedado para saldo en los hipermercados de los centros comerciales en decadencia. Y mucho me temo que, aún así, siendo la Scarlett de labios carnosos y sorprendentes sus discos terminen regalándose con sus apariciones cinematográficas en deuvedés; mientras tanto, Tom Waits seguirá siendo un referente en la cultura norteamericana de la última mitad del pasado siglo.

Por una vez, la Bestia venció a la Bella, a pesar de utilizar para la batalla armas bien distintas.

Versión Original:

Versión Imposible:

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