I HAVE A DREAM

He soñado que estábamos a mediados de agosto y que el Papa descendía de su Papamóvil a la altura de Sol y se ponía al lado de los indignados; que levantaba sus manos y gritaba en un aceptable castellano:

“¡éstas son nuestras armas!”.

Entonces, aparecía Ettore Gotti Tedeschi con cara de pocos amigos y le hacía gestos furibundos para que saliera de allí por la vía rápida. Y me he acordado de que en el Vaticano también hay banca, con una reputación en entredicho. Y no me ha quedado más remedio que despertarme, pensando: ya decía yo que no podía ser, que era demasiado bonito, incluso para un sueño.

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