HAY COSAS QUE NO LAS ARREGLA NI ROBE INIESTA (PERO MONICA BELLUCCI LO INTENTA)

copyright Helmut Newton

José María Cano y Marisa Jara nos sorprenden como pareja estival, lo que temamos que el madrileño componga una nueva ópera. Feliciano vence a Fish en el primer partido de la Copa Davis. Gadaffi amenaza a Europa con represalias, porque todavía no se ha enterado de que es su pueblo el que quiere darle el finiquito con los 20 días correspondientes por año trabajado. Habrá segunda parte de Fuga de Cerebros.

Una persona mata a siete personas en Michigan, secuestra a otras tres y después se suicida. Habría que preguntarse, macabramente, cuál de estas  pseudo-noticias anteriores habrá sido el germen de la disputa doméstica que ha llevado a Rodrick Dantzler, de 34 años, a cometer semejante tropelía. Si me interrogaran a mí, elegiría, de tratarse de un concurso televisivo tipo Atrapa un millón, la opción de la segunda parte de Fuga de Cerebros. Como diría el maestro del balompié sobreactuado José Mourinho: ¿por qué? ¿Qué falta nos hacía una segunda parte de eso? Seguramente haría falta una guija para encontrar dos o tres tertulianos que supieran contestarnos cortésmente. Es que el mismísimo Manuel Alcántara sabría hacernos una columna argumentando esa película, mucho menos su continuación.

El tal Dantzler la ha liado parda. De las siete víctimas, dos son niños y una su propia hija. Tres las aniquiló en su vivienda y otras cuatro en otro domicilio. Después hizo lo mismo que Cristiano Ronaldo en el campo, es decir, mirar a ver si su madre está mirándolo para hacer piruetas que no conducen nada más que al drama. El de Michigan telefoneó a su madre para decirle que se había cargado a su ex. Luego, todo tan norteamericano, vino la persecución policial, con helicópteros y todo (esto me lo imagino por las películas de Clint Eastwood y de Bruce Willis). Por el camino en vez de dedicarse a prepararse una buena defensa iba hiriendo viandantes.

¿Cómo suelen terminar este tipo de persecuciones? Chocando el coche y abandonándolo para seguir huyendo. Pues eso mismo.

Como siempre fue un alma inquieta el tal Rodrick se metió en otro hogar elegido al azar de una macabra tirada de dados y secuestró a sus ocupantes. Si lo viéramos por la tele hasta aquí sería un guión normal, pero el tono disonante llega al final, porque en plena negociación se quebró la cosa y en vez de dejarse influir por las amables palabras del protagonista, que suele ser un valeroso teniente que lleva la justicia como una chapa clavadita al corazón, pues va y se levanta la tapa de los sesos. Este dato es el que nos saca de la superproducción hollywoodiense y nos devuelve a la realidad más fundamentalista. El final ha sido una auténtica fuga de cerebros, bien esparciditos por toda la escena para que la policía científica se gane su jornal y para que el aprendiz de Hache haga su profunda reflexión de las doce del mediodía.

Como suele suceder en estas lides, nadie se explica el por qué de esta bacanal de disparos y sangre, pero, afortunadamente, no estamos en España y nadie va a salir con lo típico de era una excelente persona, muy amable con los vecinos ni soplapolladas del estilo, que también pueden decir en Cambridge del terrorista capturado hace unos días, que era un tipo majete y simpático, con un inglés algo forzado, pero bueno, se le perdonaba porque reciclaba.

Tenían tanta necesidad en Michigan de esta nueva matanza como en el resto del mundo de la segunda parte de la cinta protagonizada por los televisivos ídolos de masas Mario Casas y Amaia Salamanca. Vamos, cero, tirando por lo alto. Como servidor tiene la necesidad de otra ópera del maestro Cano.

Y es que, de tener moraleja esta columna, sólo me ocurre la siguiente: no es nada recomendable ponerse a escribir una columna a las tres de la mañana, después de ocho horas de currelo y con los dos últimos discos de Extremoduro pegados a las orejas. Se te va la bilis por el lado equivocado, sobre todo si te acuerdas en mitad del tiroteo de palabras que a la nueva responsable del FMI, la señora Lagarde, le han subido el sueldo un 11%, alcanzando los 381.508 euros, con una revisión anual del IPC de Washington.

Parece una broma de muy mal gusto, pero es la cruda realidad. El 11% de 343.700 es de 37.808. Un 67% más que el salario medio nacional en 2009 sólo de subida burocrática, que se dice pronto. Por ello, se la insta a que tenga una conducta ética, valorando su integridad, imparcialidad y discreción. No sé qué pensaría el demente de Dantzler al respecto, pero te entran unas ganas de preguntarle dónde ha comprado la pistola que ni les cuento. Así que mejor será dejar a Extremoduro para otro día e irse a la cama a soñar con la Bellucci. Sin ella, mucho me temo que el mundo sería bien distinto.

 Canción del día: Desarraigo, Extremoduro

p. d. Leído en Días de Radio el 12 de Julio de 2011.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s