HYPERBALLAD [VERSION IMPOSIBLE # 13]

No se equivoquen. Cuando un grupo se ha disuelto y el paso del tiempo le muestra bien a las claras que ha de volver a juntarse – más o menos con la formación inicial, la que encandiló verdaderamente a su público – no lo hace para darle satisfacción a sus seguidores, no lo hace por los miles de peter-panes que pululan por las anodinas aceras de las metrópolis del siglo XXI, sino porque se han quedado con las cuentas a cero y no tienen ni para porros.

Cuando Jesús Cifuentes, conocido por casi todos como “el” Cifu, se alejó definitivamente del grupo Celtas Cortos, del que había sido bandera, todo parecía indicar que aquello no iba a cuajar y que pasaría a ser otra cosa en breve. Era el 2002 y parecía que aquello era el final. Afortunadamente para los seguidores del grupo de Folk vallisoletano Cifu volvió a tomar las riendas en 2006, sacando a la luz un nuevo álbum de original título y grandes pretensiones: 40 de Abril. Vamos, una bofetada en toda la jeta a aquellos que defendían a ultranza que Celtas Cortos era algo más que un grupo de una sola canción. Tardaron prácticamente dos años en hacerlo, lo de sacarlo a la luz. Con un primer single, Retales de una vida, que sonaba más a la esposa de Fernando Alonso y sus chicos que a la filosofía céltica y cigarrera de los del Pisuerga. Demostraban fehacientemente que la vuelta no había sido por la necesidad de introspección ni por el ánimo de mejorar lo ya realizado, sino por el tema de la pasta.

El corte número 10, titulado Abismo, comienza como después escucharán: “Vivimos en la cima de un agreste monte / la belleza domina de aquí al horizonte” y pronto nos recuerda a otra canción, a Hyperballad de la islandesa Björk.

Vayamos por partes. Sólo hay dos vías posibles con respecto a la estética de Björk y a su música: o se la adora sin remisión o se la odia sin compasión. Incluso puede darse el caso de amarla hasta llevarla a la cima del éxito, como le pasó a Lars Von Trier cuando la eligió para protagonizar su espléndida Bailando en la Oscuridad, y terminar odiándola hasta las profundidades abismales del océano y no querer volver a saber de ella nunca más. No hay indiferencia posible con ella.

Una vez escuchada la versión de los de Cifu, está nítido y cristalino como una copa de bohemia que ellos se decantan por la segunda opción: la del odio visceral, porque, de lo contrario, no se explica el sanguinario degüello que han llevado a cabo con el tema de la islandesa. Tal es el cúmulo de despropósitos que se me llena la boca de barbaridades y, como buen murciano que soy, y de izquierdas, ganan me dan de salir a comprar un puño americano y esperarlos en la puerta de su casa.

Hyperballad fue el cuarto single en el 95 de Post, su segundo disco en solitario, una carta amarga a Islandia, desde la distancia y la soledad que había provocado en la cantante fijar su residencia en Reino Unido. Es una revisión del mito de Sísido, donde la cima de la montaña es la representación del amor en su estado más puro, pero donde colina abajo hay desperdicios por todas partes y, por mucho que uno se obstine en recogerlos, cada mañana vuelven a asomarse por el precipicio, que es la rutina de la pareja y lo anodino, lo que hay que salvar y reciclar para llegar de nuevo, diariamente, hasta la cima.

Un año más tarde, la cantante islandesa se metía de nuevo al estudio y paría Telegram, una serie de remezclas del anterior disco, por artistas invitados por la propia Björk. El Brodsky Quartet es el encargado de realizar la de Hyperballad, consiguiendo ensalzarla a obra de arte de los 90 y contribuyendo a que fuera la más votada entre los seguidores de la islandesa en la votación que hizo vía Internet para elegir los temas de su Grandes Éxitos del 2002.

Estimados señores de Celtas Cortos, es indudable que ustedes fueron un referente para los de nuestra generación, que lo petaron con Cuéntame un cuento y todas aquellas gaitas que sonaban a novedad. Pero mi generación ha crecido. Mejor o peor, pero ha crecido, como ustedes. Ahora sufragamos los costes de nuestra melancolía con gente como Björk o Arcade Fire y no con los recuerdos de un 20 de abril del 90 en la cabaña del Turmo. Y no porque ustedes los versionen, ensañándose como si de sicarios de ultra-izquierda se trataran, vamos a dejar de lado tales genialidades y a volver al redil de sus violines desacompasados. Violines de postproducción que sugieren, extrañamente, carreras de Fórmula Uno.

 Versión Original:

Versión Imposible:

p. d. Leído en Días de Radio el 20 de Enero de 2011.

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