AVIONES SOBREVOLANDO VERSOS

El lunes entró la primavera por casi todos los hogares nacionales. También la poesía, pues algún avispado editor quiso hacer coincidir el día mundial de la poesía con la manifiesta y bienvenida entrada de la estación que devuelve el ánimo a nuestros corazones y nos llena el depósito de la esperanza, después de haber residido en los inhóspitos y canos recovecos invernales. En realidad, lo implantó la UNESCO en 1999, añadiéndose así a una lista de días de, pues también el 21 de marzo es el día internacional de la eliminación de la discriminación racial, proclamado en 1966 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y el día del Síndrome de Down.

Pero aviones sobrevolando Trípoli en nombre de esa misma ONU de la que antes hablábamos hacían que todo ese meritorio día de celebración se convirtiera en algo tétrico y telúrico. Las infraestructuras destructivas que nuestro gobierno ha enviado en son de paz, sólo como meros consultores sobre la delgada línea que separa el dinero del petróleo de manos, perdón quise decir la delgada línea que separa el bien del mal, tampoco animaban a la gente a leer a San Juan de la Cruz o a salir a las plazas públicas a inculcar a la gente aquello de: “¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida / senda, por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido; /  Que no le enturbia el pecho / de los soberbios grandes el estado, / ni del dorado techo / se admira, fabricado / del sabio Moro, en jaspe sustentado!”, tan de Fray Luis de León, porque no era el momento más propicio hablar de moros en un día en que los civiles caían rendidos ante la evidencia, piropeados por los silbidos de nocturnidad y alevosía de nuestros aviones.

Por eso, como yo creo ciegamente en las palabras de mi gobierno, quien asegura que esto no tiene nada que ver con Irak, sino por liberar al pueblo libio, me quedé más tranquilo y pude dedicarme a mis cosas, a pesar de que por las redes sociales amigos y poetas se empeñaran en vincularme con lo acaecido en Libia, utilizando mis versos como excusa para pedir responsabilidades por la intervención y para demostrar su desacuerdo. Pusieron en mi boca palabras no alzadas, aquello que en su día dejé escrito sobre la guerra de Kosovo (una guerra, no una intervención, como es el caso), a saber:

Bienaventurados los que hacen la guerra desde el cielo

Porque de ellos será el reino de los muertos.

Y mostraron así su repulsa a la llegada de tropas aliadas a Trípoli. Mis versos, con doce años de antigüedad, aún resultaban vigentes. Servían según comprobé tanto para un roto como para un descosido y ser tan contemporáneo me dio algo de miedo, por qué no decirlo, pues tales versos, de mi primer libro, yo ya los daba por perdidos y olvidados, como un mero apunte, una glosa a un acontecimiento circunstancial en el devenir de la historia.

Pero no. Gracias a la avaricia de los que quieren beberse todo el petróleo del mundo hasta esquilmar la última gota, reivindicando con ello poderes quasi sobrenaturales, como si una disputa de semidioses se tratara, todos descendientes de Zeus de una manera u otra. Así, tuve una extraña sensación. Mientras que la OTAN siga manipulando impunemente, mis versos seguirán  vigentes. Al menos, ésos, que hablaban de una guerra corta y una lamentable limpieza étnica. De esos desarrapados que pulularon sedientos, obligados a buscarse las habichuelas en otros lugares.

Afortunadamente, lo que se busca aquí es la castración del poder fáctico de un dictador, la libertad de un pueblo. Son hechos diferentes, arbitrariamente diferentes, por mucho que mis versos los unifiquen a los ojos de algunos, que desde sus sillas de montar de escritorio se empeñan en alzar la voz.

Un último dato, aleatorio, también de un 21 de Marzo, siendo ya constituido por la UNESCO el día mundial de la poesía, hace ahora diez años, los talibanes, esos donjuanes de pobladas barbas que en su día puso la OTAN allí para acabar con la lacra del comunismo, derribaron con barrenas e ingenieros traídos de Pakistán y Arabia, los dos gigantescos Budas de Bamiyan del siglo V, ante la muda intervención de las cámaras de televisión, que ese día no tenían aviones a mano para arreglar el desaguisado y libertar a la Cultura de unos gañanes. La UNESCO lo consideraba patrimonio de la Humanidad, pero la Humanidad no movió ni un dedo – a no ser para darle al clic del ratón de su pecé – por resguardarlo del Patrimonio de la estupidez.

Aviones sobrevuelan Trípoli. Podría ser algún inicio de verso, quién sabe. Pero es el comienzo de una matanza de civiles. Quizá, dentro de unos años, en el entramado de otra intervención misteriosa y petrolífera de los que ostentan el mundo, alguien rescate las palabras de esta crónica.

 Canción del día: Lettera al Governatore Della Libia, Franco Battiato


p.d. Leído en Días de Radio el 22 de Marzo de 2011

 

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