RESACA INAUGURACIONAL

He inaugurado una docena de huevos para hacer una tortilla de patatas; y una taza con un cuento de Enrique Vila-Matas que me obsequiaron en un gran almacén por la compra de dos libros de bolsillo, para tomarme un té marroquí en esta tarde de tintes grisáceos. Y también un nuevo filtro de densidad neutra ND4 para mi cámara, con el objeto de hacerle alguna foto a esa luna de perigeo que nos tuvo entretenidos y mirando hacia el cielo el día de San José.

Ah, casi se me olvida decirles que inauguré también unos versos, cuya idea y título me fueron propiciados por un buen amigo y sus delirios, aunque nunca se los supe de grandeza.

Tengo que apurarme, pues hoy, cuando ustedes escuchen esto, se habrá acabado el plazo para las inauguraciones, y aún me quedan por inaugurar un sacacorchos de plata para aquel priorato que me trajeron los Reyes y una caja de bombones de la marca Acme. Es una pena, porque en breve vendrán mis suegros y su caja de comida traída de París habrá de quedar en la despensa, a la espera de que pase la jornada de reflexión del día 21 de Mayo. Espero no resentirme del estómago hasta entonces, día de San Mancio, mártir que vino a morir a Évora, pues tengo por inaugurar una caja de 30 sobres de Almax Forte y sería una desgracia no poder recurrir a ella cuando me excedo en las comidas, por creer en la democracia.

Si uno reflexiona y piensa el estrés que puede provocarle tanto ajetreo inauguracional, no dejo de ver en mi agenda acontecimientos de los días pasados, de las dos últimas semanas de marzo, que han sido de auténtico infarto tras el parón de las vacaciones y su caótico regreso a la vertiginosa realidad preelectoralista. Sólo en casa he inaugurado una caja de quince paquetes de kleenex, una docena de vasos para whisky, un puzzle de 1500 piezas de los Jardines del Generalife granadinos, una revista de viajes, una guía de fin de semana para Berlín, con la intención de buscar hoteles para la boda de Susanne y una nueva plancha para asar la carne, que la anterior se pegaba demasiado todo ya, por culpa del agua que suelen soltar los calamares y las sepias.

Sí, es demasiado, pero lo que sea por una buena campaña preelectoralista, que luego los habitantes de esta casa votan en contra y sales disparado a la cotidianeidad de la salida vespertina al Mercadota sin coche oficial.

Pero nada que ver con mis otros compañeros de partido, que un mismo día, el pasado miércoles, inauguraron a las 10.30 un velatorio en Aliseda y colocaron la primera piedra de un centro comercial en Mérida a la misma hora; a las 11 un centro infantil y otro de formación en Casar de Cáceres; a las 12 una biblioteca en Hervás, una fábrica de piensos en Trujillo, otro velatorio en Ahigal y una red de caminos en Cáceres; a la 1 una piscina y un gimnasio en Garbayuela; y media hora más tarde, el edificio Embarcadero en Cáceres; tras la comida y más que ganada sobremesa, a las 5  una residencia de mayores en Malpartida y un centro de día en Llerena; a las 6 y media un polideportivo en Casillas de Coria y acabaron a eso de las 7 en Hornachos, cortando la cinta del  nuevo auditorio municipal.

Es el surrealismo en estado puro, les digo, cuando nos juntamos a tomarnos unas tapas en La Santina por la noche, para planificar el día después y disfrutar de su delicioso revuelto de boletus con jamón de pato, que a Pereira la vuelve medio lela. Y en seguida hablamos de los próximos recortes, una vez pasadas las municipales. A Heras le pregunto cuántos habitantes tiene Casillas de Coria para necesitar un polideportivo con la que está cayendo. Unos quinientos, me contesta. Ah, ya, le digo, ya te sigo, el discurso ese de darle las mismas oportunidades a todos los cacereños y cacereñas, con infraestructuras dignas y demás, ¿no? Exacto, me asegura doña Carmen. ¿Y lo del Auditorio en Hornachos? ¿Os habéis dado cuenta que tiene cabida para más del 11% del censo total del Municipio? ¡Eso sí que es mimar las pretensiones culturales de los extremeños!

Oye, salto, ¿y para cuándo va a venir Vara a inaugurar con una cintita el edificio donde yo vivo? ¡Las tijeras las pongo yo! Y es cuando viene el ataque de risa de Calle, nos descojonamos todos, y alguna mancha de vino cae en el mantel.

Canción del día: El vals del minuto, Nacha Guevara

p. d. Leído en Días de Radio el 29 de Marzo de 2011

 

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