FIRST WE TAKE MANHATTAN [VERSIÓN IMPOSIBLE #10]

Corría el año 88 y el que habla tenía unos escasos 16, como el protagonista de Ken Loach. Por aquel entonces para mí el flamenco era gente ladrando y los Beatles unos ñoños. No sé si lo recordarán pero, para entonces, había un programa musical todos los sábados por la tarde. Del que hablo, si no me traiciona la memoria, era A tope o Rockopop, presentado por la siempre insípida Beatriz Pecker. Entonces, un cincuentón con cara de mala sombra y de voz de ultratumba sacaba un disco que batía records de ventas en España y que dio la tabarra durante unas cuantas semanas. Para los oídos de aquel imberbe, que se nutría entre una gama variopinta que circulaba entre Duncan Dhu y Decibelios, aquello era lo más pútrido escuchado jamás y contemplar cómo, semana tras semana, no había dios que lo desbancara de la lista de ventas se convertía en un verdadero suplicio.

Aquel disco era I’m your Man, y el viejuno no era otro que Leonard Cohen, el cantante canadiense que el que hoy les habla tanto aprecia. Decimos que las personas, en el fondo, no cambian, pero muchos de nosotros seríamos otros si no hubieran dado un paso evolutivo nuestros gustos musicales. A veces, entramos en registros nuevos de manera natural, otras a través del nuevo amor de turno. En fin, historias para no dormir.

Fue este disco de Cohen uno de los más exitosos en nuestro país y sonaba cada dos por tres, como ya he dicho. Una de las canciones más notorias es la que hoy nos ocupa, de trayectoria original, pues un año antes la primera en registrarla fue la estadounidense Jennifer Warnes, en un disco que llamó Famous Blue Raincoat y donde tributaba un homenaje al propio Cohen, cantando íntegramente piezas escritas o co-escritas por el canadiense.

Al igual que ocurre con Take this waltz, otro de los momentos cumbres del disco, que fue grabada con anterioridad en el 86 para el homenaje musical a García Lorca llamado Poetas en Nueva York, First We Take Maniatan se consolida como una pieza clave desde antes de su publicación en su trayectoria. La canción que, según algunos, habla de la ingenuidad y el narcisismo de la facción del ejército rojo de la Alemania Federal no es más que un canto, desde nuestra perspectiva, a ese estado personal del poeta a través de una ciudad como Nueva York, influido por la visión de Federico García Lorca, del que se siente profundamente enamorado desde su adolescencia.

Muchas han sido las versiones que se han hecho, con mayor o menor acierto: desde la ya mencionada de la Warnes pasando por las de REM o Joe Cocker, de las que poco comentaremos: sólo una ha logrado el magisterio.

En 1996 un prodigio y un cúmulo de casualidades provocaron en Granada, dónde si no, que se juntara en un estudio a  Lagartija Nick con el maestro Enrique Morente. De aquella extraña comunión salió OMEGA, uno de los mejores discos españoles de todos los tiempos, le pese a quien le pese. Su aparición se tradujo en insultos y golpes de pecho por parte de los más puristas. Tanto a la banda como al cantaor le llovieron detractores. Imagino que por parte de los seguidores del canadiense también.

Pero el paso del tiempo ha macerado OMEGA, llevándolo a obra maestra de la música contemporánea de este país e internacionalizando al maestro Morente. Nadie queda indiferente ante la revisión que se hace de Lorca y de su Poeta en Nueva York en este disco. La angustia del poeta granadino se contextualiza a la morbidez de la megalópolis actual, esa angustia que después del 11-S se ha convertido en algo perenne e intrínseco dentro de los propios neoyorquinos. Se entiende así que esta relación lorquiana hiciera que Cohen se mostrara apasionado desde el primer momento con el proyecto y de él se hacen cuatro versiones, llevadas a OMEGA, cuya idea parece que partió de Alberto Manzano, traductor de Cohen para los tonos de los Lagartija y la voz poderosa de Morente.

Lagartija Nick, Enrique Morente, Leonard Cohen, Federico García Lorca, Granada… Demasiadas palabras hermosas. Hechos irrepetibles que se dieron en una ciudad mágica en el 60 aniversario de la muerte del poeta. Un ramillete de piezas irrepetibles contenidas en un solo disco. Una versión inconmensurable. Irrepetible también desde hace unas horas por las malas partidas que jugamos contra el azar. Como muchos amigos del cantaor, estoy convencido de que el canadiense anda estos días vacilante y preocupado. Manhattan sin duda será más negro a partir de ahora. Su cerebro se ha parado y ha dejado de cantar. Todo su magisterio se encuentra entubado hoy en una cama de hospital. Los restos de Federico deben de estar llorando por las sombras de la tarde granadina. Pero su voz, oh sí, su voz nos destierra del hastío, haciendo del invierno primavera. Por todo ello, Enrique, te damos las gracias, aunque no puedas escucharnos.

Versión Original:

Versión Imposible:

p. d. Leído en Días de Radio el 16 de Diciembre de 2010, día del nacimiento de Rafael Alberti (grabado el 13, unas horas antes del irresoluble final).

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