EL DÍA DE LA ZARIGÜEYA

Estaba quitándome los restos del partido de fútbol que habíamos disputado mientras buscaba algún tema con el que comenzar hoy esta columna y había decidido, en principio, que me dedicaría a divagar en cuestiones tan pueriles como las noticias ñoñas de los telediarios nacionales actuales, tema en el que ya he incidido en alguna ocasión de pasada. Y así, tanteando para encontrar el champú he recordado también que este fin de semana se habían hecho eco de una zarigüeya bizca que estaba haciendo las delicias de todos y que se encontraba en un zoo alemán. Los presentadores se mondaban de la risa y decían que era muy simpática. Y terminaban el noticiario con la imagen del roedor detrás de los dos presentadores sonrientes y felices porque, aunque Mubarak seguía manteniéndonos en vilo, la zarigüeya era una cucada. Su distintivo, el hecho de ser estrábica, era lo que la diferenciaba y aportaba ese toque de cariño y ternura que conmovía.

La lectura es patética. El estrabismo conmueve cuando es en animales (en este caso, roedores) y produce burla cuando se trata de mortales. Pero una noticia tan estúpida (o superflua, como lo prefieran) no merece análisis tan somero. Se unía así a esas docenas de noticias diarias que los medios de comunicación nos aportan para recordarnos lo estúpidos que somos y la suerte que tenemos de no vivir en Oriente Próximo y tener que preocuparnos por problemas de verdadera índole. Quién sabe ya si todas estas revoluciones fomentadas desde las redes sociales se dan porque no tienen la posibilidad de acceder a los videos de las zarigüeyas y demás sandeces paridas por el youtube y auspiciadas por unos noticiarios cada vez más extensos en duración y más vacuos en contenido.

Así, cada día apreciamos que se nos explique que los españoles no ponemos el intermitente para señalizar nuestras acciones al volante, que nos pongan la disyuntiva de la marmota Phil de Punxsutawney o la Virgen de la Candelaria – mucho más castiza, dónde va a parar – para acertar si el invierno habrá de prolongarse o, por el contrario, será la primavera más cercana que el carnaval. Casualmente, este año la marmota se ha topado con la Iglesia y cada una de ellas ha emitido un veredicto diferente.

Una de mis favoritas de las últimas semanas a este respecto, es la que apareció en la cadena del logotipo verde y en la que se explicaba por qué un chupetón que alguien le proporcionó a su amiga neozeolandesa le causó a ésta un derrame cerebral, del que, afortunadamente, había salido bien parada. Por esta vez, añadían. Imagínense como tenemos que estar de mal en el apartado de guionistas de telediarios para llegar a estos recursos tan suicidas.

Y después de la ducha y haber mascado todo esto para dárselo a ustedes, me siento a comer y pongo (me va la marcha, qué quieren que les diga) las noticias, las únicas que se pueden conseguir ahora a las dos y media, tras el cierre de CNN+. Y vuelve a salir Heidi, la zarigüeya bizca. Y es que ahora se la rifa una cadena televisiva norteamericana para que emule el simpático roedor tan carismático a nuestro querido Pulpo Paul, el primero en saber que Robben iba a fallar aquella ocasión frente a Casillas, oportunidad que perseguirá al holandés el resto de su vida. Todos creíamos en Paul, pero, aún así, el exmadridista nos las hizo pasar canutas, por no decir otra cosa.

Como no hay mundial de fútbol a la vista, ellos han decidido que Heidi se decante más por los ganadores de los Óscars en todas sus categorías. Así que cuando, por ejemplo, la zarigüeya ponga la vista, es un decir, en Bardem para la estatuilla al mejor actor y luego la Academia decida dársela a Jeff Bridges por segundo año consecutivo o,  previsiblemente, al británico Colin Firth, nuestro canario internacional podrá subir tranquilamente a recogerlo, porque es más fácil que creamos en el roedor que en el notario que haya puesto el nombre en el sobre y lo haya lacrado. Y, ya puestos, veremos a ver si el voto improvisado de la estrábica no le da un disgusto a más de uno y van los académicos corriendo a cambiar el nombre y haya que des-lacrar lo ya sentenciado por no armar un escándalo, con el pastizal que habrá dado la cadena de televisión.

Y así continúa el año del décimo aniversario del atentado que nos hizo a todos más estúpidos y más crédulos, y que ahora nos lleva a tragarnos bolas como las que aparecen en las noticias de los portales de Internet. Y a darle más importancia a los bigotes de un roedor o a las patas de un octópodo que a los gritos de revolución que el mundo nos está demandando y exigiendo para salir de ese reparto injusto e innecesario de algunos impresentables de la calaña de Berlusconi.

Canción del día: Pulstar, Vangelis


p. d. Leído en Días de Radio el 16 de febrero de 2011.

 

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