MALDITO DUENDE [VERSIÓN IMPOSIBLE # 9]

Sí, señores. En este país éramos absolutamente conscientes de que nadie superaría nunca en histrionismo a Rafael Martos Sánchez, nacido en Linares en 1943 y uno de los andaluces más internacionales que haya dado nunca esta prolífica tierra. Y eso que tiene nombres ilustres en sus entrañas. Pero lo de Raphael es de otra galaxia. Tiene tantos epítetos y se le conoce por tantos nombres como discos ha sacado a lo largo de su dilatada carrera. Uno de mis preferidos, el desenrosca-bombillas, ganado a pulso gracias a una de sus gesticulaciones con las manos más pronunciadas. Esas maneras le han dado tanta celebridad como leyenda su voz ha ido construyendo hasta convertirse en el artista español que más ha vendido.

Pero en 1967 nace en Zaragoza Enrique Ortiz de Landázuri y cuando éste sacó todos sus fantasmas interiores a la palestra y los puso en las ondas de las emisoras nacionales, supimos pronto que había llegado la hora del relevo. Cuando en 1987, con tan sólo 20 años, encabezaba la banda Héroes del Silencio y comenzaba una singladura excepcional para un grupo nacional, que consigue ser superventas en lugares tan fríos e inhóspitos como Alemania, los más agoreros nos fuimos corriendo a la güija para invocar a Casandra, la hija de Príamo, y nos previno: éste Enrique, de sobrenombre Bunbury, terminará siendo un cansino y será admirado por el mismísimo Raphael. Por separado serán dignos de elogio, pero juntos se convertirán en un fruto del diablo.

Sabia Casandra. Pocos conocíamos el futuro como ella allá por el 87, cuando unos jovencísimos Héroes del Silencio publicaban un EP con uno de sus buques insignia: Héroe de leyenda. Su éxito hizo que El mar no cesa, su elepé de presentación llegara a ser disco de platino. Y de allí llegaron a los oídos de Phil Manzanera, antiguo componente de Roxy Music, que produce en 1990 su Senderos de Traición.

Y aquí estamos.

Como segundo single aparece Maldito Duende, que llegó pronto al número uno y que fue una de las causantes de su posterior repercusión. Una canción que, bien pensado a posteriori, estaba hecha a la manera del de Linares. Sobre todo con ese comienzo tan a lo lobo estepario aullándole a la noche.

Y, como no podía ser de otra manera, llegó el momento. Diez años más tarde, apagado el embrujo de los Héroes y dejando a un Bunbury ambulante por una eterna feria de las vanidades, aparece Maldito Raphael, un disco con el que la leyenda se deja adular por artistas de lo más variopintos. Comienza, por ejemplo, el idilio con la extravagante Olvido Gara, cuyos duetos darían para una tesis de la deformación de la música ligera en los últimos veinte años. Y Raphael se apoya en Maldito duende, un referente para la muchachada que había quedado huérfana del histriónico Bunbury, apostando por el de Zaragoza, quien oportunamente había salido unas semanas antes hablando de las influencias de Raphael. La canción se convierte en single, tiene video y todo, vistiendo a un enfermo Raphael a lo Neo de Matrix en un escenario de lo más gótico, para no perder las referencias góticas del grupo del silencio. La escenografía escama tanto que no sabemos si estamos ante un clip de Meat Loaf o ante una película de serie B de un epígono de Ed Wood.

¿El resultado? Un comienzo de lo más dispar, donde las guitarras del silencio se convierten en una base de ritmos enlatados discotequeros de los 90 que primero recordarán al Boys and Girls de Blur y más tarde a un remix de Gossip. Y después del introito, Raphael Bunbury resucitado, que arrastra todo lo que viene a su paso al final de cada verso, desde su no me arrepiento de lo de ayer. Lo peor, que el propio Raphael, a la hora de emular los aullidos de Bunbury, parece más una parodia de sí mismo realizada por Martes y Trece, al que tantas veces recurrieron, perfeccionando el personaje y contribuyendo a esa leyenda histriónica, que un cantante rindiendo homenaje a un grupo capital para entender la evolución musical de los 90 en España.

Como no podía ser de otra manera, los histriónicos se han juntado después con el paso del tiempo. Se han gustado, como los chicos de Pep Guardiola, y han intervenido en diferentes galas y homenajes mutuos propiciándose besos y abrazos. Gracias a dichas apariciones, podemos llegar a la conclusión de lo dicho al comienzo: por mucho que lo intente el maestro del histrionismo Bunbury, nunca alcanzará las cotas de aquel joven de Linares que un día apareció por Eurovisión con un lema que le ha perseguido desde entonces: yo soy aquél que cada noche te persigue. Y es cierto que a más de uno, desde su incursión en el rock de Maldito Duende, cada noche nos persigue con su gabardina de cuero en nuestros peores sueños, como un Freddy Krugger cualquiera. Pero el cantante nacional más laureado viene ahora con Chucky Bunbury y su novia Alaska de la mano. Y eso te va destrozando por dentro, por muchos bífidos activos que uno coma.

Versión Original:

Versión Imposible:

p. d. Leído en Días de Radio el 9 de diciembre de 2010.

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