PAC Y LAS BONDADES DEL PUÑO AMERICANO

Decía recientemente David Trueba que había que recurrir al también reciente discurso de Barack Obama en Tucson para reflexionar sobre los últimos acontecimientos murcianos, donde la crispación social contra el partido dominante – debido a sus recortes sociales en el ámbito del funcionariado – se llevó por delante al consejero de Cultura y Turismo de aquella región – tan mía – y fue salvajemente agredido y ultrajado.

Y lo aseguraba así de tajante porque era consciente en ese momento de que la derecha murciana y, por extensión el resto de partidarios de tal ideología, iban a aprovechar el lamentable suceso para subir dos o tres puntos la fuerza de su ventilador de opiniones, demostrando cuán preparados están para las elecciones que se avecinan, tan importantes, y para demostrar también la fuerza de ese nuevo ventilador, comprado con el beneficio de las encuestas, que les proclaman como vencedores absolutos.

O lo que es lo mismo, excusándose en un fácil victimismo, iban a continuar repartiendo mierda desde lo diestro para lo siniestro. Eso del victimismo, que lo odiamos en los pesudo-personajes famosos que eventualmente realizan su peregrinaje por las distintas cadenas televisivas, engrosando sus cuentas corrientes y vaciando las nuestras, se convierte en un arma de doble filo cuando hablamos de política.

La derecha ha visto cómo se la ha agraciado con un premio de lotería como la agresión a uno de sus visibles y representables y ha tirado por el camino del medio desde sus tribunales de opinión barata de tedetés y periódicos digitales, creyendo que así van a mejorar su imagen preelectoralista. A quién le importa un maxilofacial o un ojo casi derramado y anegado en sangre cuando estamos hablando de gobernar en lo más alto cuatro años más.

Su presidente, motor generador de toda la polémica previa y navideña, lleva en el poder desde 1995 y, por lo visto, no le es suficiente para ayudar a los ciudadanos de esa región, una de las más afectadas por la crisis internacional, debido a su política de burbuja inmobiliaria que ha afectado, inclusive, a las empresas vinculadas y vinculantes al mismo señor Valcárcel, que se crearon en los años del todo vale y ponga un ladrillo en un grano de arena.

No les basta con la ventaja de sus encuestas en intención de voto, que le dan prácticamente el 75% en esa comunidad, lo que no es moco de pavo, subiendo desde un 58,5 de la legislatura anterior. Quieren el cien por cien y sentirse invencibles, para llevar al país a la verdadera salvación y demostrar que las crisis a ellos no les afecta, como tampoco han pasado factura a otros gobiernos de la derecha en el ámbito europeo.

Y así, montan una campaña basada en el dedo acusador en vez de imitar a Obama, al que tanto idolatran y veneran. Se llenan la boca con sus andanzas y hazañas, forran sus carpetas con sus pegatinas de superhéroe americano pero, a la hora de la verdad, cuando el héroe se pone su traje de mundano y pronuncia unas palabras plenas de sensatez que merecen ser escuchadas, le dan la patada y regresan a la esencia de la política nacional de los últimos 20 años: el descrédito, el insulto, el dedo acusador, el yo no he sido, el pues anda que tú-anda que tú- anda que tú y el viene mi padre y te pega más fuerte.

Han tenido una oportunidad magnífica para conseguirlo. Tenían las palabras redactadas, el discurso era lógico y sencillo. Se basaba en lo cabal y en el aunar esfuerzos para salvaguardar la democracia, que es de lo que se trataba, tras el indigno ataque a lo que Pedro Alberto Cruz como individuo representa dentro de ese entramado democrático. En vez de tender conciliadoramente la mano y recibir con elogios las muestras de rechazo del resto de compatriotas han preferido hacer leña del árbol caído, viendo en su agenda dorada las elecciones a tiro de piedra. Sabiendo de antemano que Murcia es un feudo donde no han de pasar penurias en las urnas.

Poco les importa. No podemos usar una patada a la democracia de esta índole para sacarnos los ojos los unos a los otros. Parafraseo a Obama. Ni hay que buscar responsabilidades en sindicatos, manifestantes u opositores. Nadie sabe exactamente qué provocó ese ataque despiadado a la democracia, nadie hubiera pronunciado ciertas palabras de conocer que traerían como respuesta un acto violento como el de aquella noche de sábado.

Y vuelvo a parafrasear a Obama. Pero su discurso no ha calado por estos lares. Y esos pequeños gestos, esas faltas de atención y salidas de tono son las que hacen que tardemos más que los demás en salir de la crisis. Nuestros políticos están más preocupados de seguir ostentando el poder que de gobernar y liderar a una nación. Y ni siquiera sucesos tan execrables como éste les hacen abrir los ojos. Y así siguen, a la gresca. Por más que los electores les hayan dado – a unos y a otros – un toque de atención tan cruento como descarnado. No pasa nada, pensarán, si hay lágrimas en tan particular e impudorosa contienda. Detrás del muro de las lamentaciones hay una urna reluciente esperando.

Canción del día: Life on Mars, David Bowie

p. d. Leído en Días de Radio el 25 de Enero de 2011

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